miércoles, 29 de agosto de 2007

Cada cual tiene sus penumbras de verano

"Terraza" (Ramón Casas, 1889)

Fernando Sarría dejó un comentario en el post anterior sobre las penumbras estivales que, a lo largo del día de hoy, se ha convertido en un poema. Ambos queremos que este poema acompañe aquí a lo escrito ayer. Cada cual tiene sus penumbras de verano.


Resguarda la tarde sus silencios
y en su abanico el aire se acomoda.
Cercados por el canto de las cigarras,
tú y yo sin mirarnos buscamos otros paisajes, otros tiempos,
cuando la penumbra era un bien necesario
y las baldosas mojadas
refrescaban la obligatoria siesta del estío.
Veranos en el campo y en el pueblo,
en los que el sol reinaba con su ácido limón
y eran eternas las horas.
Niños,
aprovechábamos los descuidos de los mayores para huir a la plaza,
bajo los soportales de piedra jugábamos al gua,
a la raya y a los montones
y sólo volvíamos a casa en el momento de la merienda...
pan con vino y con azúcar...
aquellas olivas negras y el chocolate Luik...
Quizá sea un sueño del verano y de mi infancia.


(Un inciso: no sé por qué la ventana de comentarios no muestra el botón de publicar; por eso no he podido responder a los comentarios de ayer: disculpas).

lunes, 27 de agosto de 2007

Penumbras


"Mujer en su tocador" (Matisse)

Me gusta muchísimo la luz del verano. La luz sin fisuras, deslumbrante, del Mediterráneo. La luz que cabrillea sobre el mar y casi duele. La endurecida e infinita luz del estiaje del Ebro en sus riberas. Las largas horas de luz estivales son un alimento que administro para el resto del año. La luz que atraviesa en mi memoria todos los veranos vividos.

Pero también me gustan mucho las penumbras del verano. Las penumbras con que la sabiduría ancestral de los pueblos del Mediterráneo ha hecho frente al calor aplastante del estío. Recuerdo con especial cariño la fresca penumbra matinal de la cocina de la casa de mi abuela, en un pueblo del Jalón; o la más espesa penumbra de la hora de la siesta en el dormitorio de la planta baja, con las cigarras atronando desde todas las esquinas blancas de la tarde. La penumbra, el silencio dentro de los muros, y el solitario canto-ruido del exterior irrespirable, traen a mi imaginación una de las más puras sensaciones de los veranos de mi infancia. El tiempo lento.

Mi madre tenía igualmente la costumbre, en el verano, de bajar temprano todas las persianas de casa, después de haber refrescado los suelos, procurando dejar abiertas las ventanas a través de las cuales entraban en las habitaciones las tan agradecidas corrientes de aire. Y me he dado cuenta de que yo sigo haciendo lo mismo en esta casa, aunque este verano nos haya sorprendido con un tiempo casi otoñal. Pero tanto ayer como hoy, aquí en este lugar donde apuramos ya las últimas horas de las vacaciones, ha vuelto el verano en su más espléndido traje. Y por fin he podido recuperar en este estío aquella antigua sensación de luces y penumbras. Afortunadamente esta casa ha heredado la sabiduría con que antes se construía: evitando en todo lo posible las agresiones del clima; procurando el aprovechamiento de sus dones. Así que seguimos practicando las viejas costumbres: buenos toldos, bajar persianas, abrir al norte y al sur para crear corrientes de aire (si sopla brisa del sur, desde el mar, mucho mejor que cuando el viento viene desde los montes, más frío y violento). Mucho mejor la brisa de la penumbra que el aire acondicionado.

Las de los toldos también son buenas penumbras. Sobre todo al mediodía, hora de soledad acompañada de un café y un buen libro, por ejemplo. O de un puñado de gente querida con la que prolongar las horas del mediodía, que son horas que no acaban. En esto pensaba ayer, bajo el toldo, entre mis manos "Los libros arden mal" de Manuel Rivas (siempre voy con retraso, aunque entiendo que en ésto de la literatura no debiera haber tantas prisas); cerca, al otro lado de la calle, el rumor somnoliento de un grupo de personas que rebullían junto al chapoteo de la piscina y un encadenamiento de melodías nostálgicas. Tópica, y a menudo un “puntito hortera” imagen del verano, que, sin embargo, ligó de pronto este verano a otros veranos, de nuevo, de la infancia.

“Santa mandra del migdia”, canta Serrat en la canción “Cremant nuvols” del disco “Mô”. Y esa canción cobija sin duda la penumbra interior del mediodía de verano, mientras afuera las nubes queman bajo el sol. Benditas penumbras veraniegas donde todo es posible: el sueño, la lectura, la soledad, la compañía, la nostalgia, los proyectos pensados entre cabezada y cabezada. Bendita penumbra en la que sobre todo es posible el amor.


Ahora escribo todo esto también envuelta en la penumbra del salón. En frente de mí, el toldo del jardín esquiva el sol de las cuatro de la tarde y “el noi Serrat” me guiña un ojo con su música, mientras insiste la chicharra interminablemente.







Esta es la letra de la canción "Cremant núvols" que canta Joan Manuel Serrat en el video de arriba, y que creo ya traje a este blog en un antiguo post:



Cremant núvols passa el sol
vertical i el món s\'atura.
Demanant pietat al foc
s\'amaguen les criatures
a l\'ombra de qualsevol
ombra que Déu els procura.
Cremant núvols passa el sol.

El dia cau de genolls
pidolant la migdiada.
A les parpelles amb son
els rellisca un fil de baba.
I tot dol i res no vol
i tot pesa i res no passa.
Cremant núvols passa el sol,
cremant núvols el sol passa.

L\'ànima abandona el cos
tèrbola i embriagada,
fantasia d\'un amor
d\'eternitat limitada.
No treu banyes el caragol
ni s\'enfila a la muntanya.
Cremant núvols passa el sol.

Vigila en travessar el bosc
que els matolls, orfes de pluja,
podria calar-s\'hi foc
si els freguessis amb les cuixes.
A l\'ombra del teus llençols
t\'espero, no triguis massa.
Cremant núvols passa el sol,
cremant núvols el sol passa.

Patrona dels inactius,
Santa Mandra del Migdia,
protegiu l\'amor furtiu:
si així ho vol Déu, així sia,
especialment al juliol
quan, reclamant companyia,
cremant núvols passa el sol.

Cremant núvols passa el sol,
i tu i jo cardant a l\'hora
que en altres contrades plou
i a una altra part el món plora.
Uns de festa, altres de dol,
uns lluiten, d\'altres s\'abracen.
Cremant núvols passa el sol,
cremant núvols el sol passa


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Quemando nubes pasa el sol
vertical y el mundo se detiene.
Rogando piedad al fuego
se esconden las criaturas

a la sombra de cualquier
sombra que Dios le procura.
Quemando nubes pasa el sol.

El día se hinca de rodillas
mendigando la siesta.
De los párpados, con sueño,
resbala un hilo de baba

y todo duele y nada quiere,
y todo pesa y nada pasa.
Quemando nubes pasa el sol.
Quemando nubes el sol pasa.

El alma abandona el cuerpo,
turbia y embriagada.
Fantasía de una muerte
de eternidad limitada.

No saca los cuernos el caracol
ni se encarama por la montaña.
Quemando nubes pasa el sol.

Cuidado al cruzar el bosque
que los matorrales, huérfanos de lluvia,
podrían arder
si los rozaras con los muslos.

A la sombra de tus sábanas
te espero. No tardes demasiado.

Quemando nubes pasa el sol.
Quemando nubes el sol pasa.

Patrona de los inactivos,
Santa Pereza de la tarde,
proteged el amor furtivo
-si así lo quiere Dios, que así sea-,

especialmente en julio,
cuando reclamando compañía
quemando nubes pasa el sol.

Quemando nubes pasa el sol
y tú y yo echando un polvo mientras
en otros rincones llueve
y otra parte del mundo llora.

Unos de fiesta, otros de luto.
Unos luchan, otros se abrazan.
Quemando nubes pasa el sol.
Quemando nubes el sol pasa.

sábado, 25 de agosto de 2007

"Días de verano", de Amaral

Javier López Clemente, hacedor de un excelente e inteligente blog, trae en su comentario al post anterior sobre los días de vacaciones el enlace al vídeo en Youtube de la canción de Amaral "Días de verano". Para mí es ciertamente una canción melancólica. El destaca en su comentario el final de la canción, ése que dice que "no quedan días de verano para pedirte perdón". A mi me pone bastante triste oír un par de versos: "si pienso en ti, siento que esta vida no es justa/ si pienso en ti y en la luz de esa mirada tuya". Es, seguro, una canción en la que cada uno encontraremos algo personal. Así que, con el permiso del amigo Javier, enlazo ahora el video.



jueves, 23 de agosto de 2007

"Quedan días de verano" *





No leo casi periódicos estos últimos días ni veo apenas informativos en televisión, y en la radio escucho preferentemente música, aunque la música que más suena viene desde los muchos discos que se van alternando a lo largo del día. Paseo. Contemplo el mar y el jardín. He jugado mucho con Daniel y hemos dicho infinidad de veces los números en inglés – Daniel y sus padres han regresado ya a la ciudad, después de disfrutar con fruición de la playa y de la piscina que quedó instalada para él en la terraza. Leo algunas cosas. También hay un ramillete de pequeñas labores domésticas que atender, con el único fin de hacer de “la casa de vacaciones” un lugar habitable para el ocio. Es decir un lugar con el suficiente equilibrio entre el orden y el desorden, como para que todo el mundo tenga su espacio y pueda abandonarse o recogerse en este tiempo como mejor le apetezca.

Hace fresco este verano. Las tardes son un permanente anuncio del otoño, aunque quedan todavía muchos días de estío. Cada jornada es una mezcla de sensaciones que se suceden a lo largo de las horas: desde la plenitud del sol estival del mediodía hasta la melancolía de la tormenta vespertina o del viento altano desatado. Quizás esta incertidumbre y esta indefinición han llevado a muchos veraneantes a dejar la costa antes que otros años. Pero a mi me gusta este tiempo que conduce a otro. Y no me importa que la nostalgia venga a apoderarse poco a poco de mis gestos. La más pura nostalgia siempre la he sentido durante los últimos días de las vacaciones estivales. El tiempo de vacaciones no es únicamente espacio para el descanso. Es un tiempo de reconciliación con uno mismo. O todo lo contrario, claro. Es un tiempo de re-conocimiento.

Hay un acontecimiento diario en Cambrils que es tanto un espectáculo como una especie de ceremonia. Sucede entre las tres y las cuatro de la tarde y se trata del regreso de la flota de pesca al puerto. Si uno se va a la punta de alguno de los espolones puede ver como desde el horizonte, a derecha y a izquierda, van empezando a asomar las embarcaciones, que crecen y se acercan, todas al unísono, a una sola voz. Ya en las proximidades del puerto, los barcos ocupan cada uno su lugar en una larga fila que apunta a la bocana. Luego, conforme van entrando en el puerto, amarran cada uno en su sitio, en un orden perfectamente ejecutado día tras día, en mitad de la tormenta de gaviotas. La gente acude a contemplar esta coreografía y permanece luego entre los muelles, mientras los pescadores limpian, separan, manipulan la captura del día, y empieza la lonja. Los pescadores están realmente cansados, pero cuando la pesca ha sido buena, sus voces y sus gestos siguen transmitiendo una energía y una alegría muy particulares.

Durante los meses de invierno, en la ciudad, a menudo pienso en esa imagen de los barcos entrando en puerto y de los pescadores afanados en concluir su jornada. Y es como si se abriera de nuevo una ventana al tiempo del estío. Y pienso entonces siempre que es ciertamente curioso que mi imagen del tiempo de vacaciones no sea la de la playa llena de gente en este lugar costero, sino la de la diaria danza de los barcos buscando el puerto.


* "Quedan días de verano" es una frase que se repite en una de mis canciones preferidas de Amaral.

lunes, 13 de agosto de 2007

Poetizando - 41





Bajo el sol de Corinto moría aquella tarde
el mundo. Yo habitaba en un cuerpo de seda y miraba
a tus ojos como a los del oráculo.
Todo el tiempo que sucedió después, y sigue sucediendo,
venía diluido en aquella cerveza que apuré, mientras el mar
buscaba entre mis piernas y me volvía ciega, porque para los dioses
la oscuridad es roja, aunque yo no supiera entonces de colores.
Te amaba. Pero tarareaba canciones de la Joplin
o fumaba para disimular. Nunca he sabido dejar pistas.
Es verdad que te amaba. Para amarte fui a Grecia,
joven de la camisa desabrochada a rayas, que se batía
al viento delante de mis ojos, olas del mar Egeo – entre mis piernas:
te adoré como a un dios praxiteliano, pero nunca te dije
mi secreto, ni aun sabiendo que, como a la perfección,
no volvería a verte.
Crucé entre líneas rectas por la historia.
Metí en el equipaje las sandalias compradas como quien compra un modo ]
de volver.
Envolví entre mis ropas, de regreso, los carretes de fotos
que me hicieron después creíble tu existencia, y hasta un poema breve
que tú me dedicaste sobre un mantel a cuadros desastrado, como eran
entonces los manteles en Grecia en los cafés baratos. En línea recta
transité hasta llegar al mundo de los vivos.
No duró mucho el duelo: los aviones recorren demasiada distancia
y apenas queda tiempo y lugar de ordenar sentimientos.
Desde entonces, te añoré como a la infancia, interminablemente. Poco importa. ]
Bajo el sol de Corinto, que moría como habría que morirse de amor
al final de las óperas, dejé que me mintieras porque así era preciso,
joven de la camisa desabrochada a rayas, que se batía al viento
delante de mis ojos como un dios inmutable desde hoy,
que te nombro,
para reconocerte, finalmente, ya como de otro tiempo,
el de la juventud.


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Han llegado los días de descansar. Es muy probable que este blog también descanse algunos días. Mientras tanto dejo este poema muy de vacaciones. Tengo que pedir disculpas por el tamaño tan pequeño de la letra, pero es que si es más grande la plantilla corta mucho algunos versos y descoloca todo. Aun así, algun que otro verso termina a reglón siguiente ] -



* La foto esta tomada prestada de la galeria de Pete y Solange. Y dejo además este enlace a la galeria en Flickr "Stephen´s photo journey" con una hermosa foto de Corinto al anocher.

viernes, 10 de agosto de 2007

Daniel in the beach




Estos días Daniel debe andar entre piscina y olas marinas, si ha acompañado el tiempo, tan inseguro este verano. No sé si habrá aprendido alguna nueva palabra en inglés, porque últimamente se le ha despertado una inclinación devocional e irrefrenable por el idioma de Shakespeare. Seguramente lo habrá hecho, mientras pasea con sus papás por la orilla de la Playa d´en Fóres o junto al muelle del puerto, oyendo la variedad de lenguas que al atardecer inundan las orillas del mar. Esperemos que la cosa quede de momento en el inglés o nos volverá locos.

El último día que cenamos juntos, antes de que iniciara las vacaciones playeras, aprendió de golpe a decir “Burberry”, sólo con oír la palabreja-marca comercial una única vez en la televisión. Nos temimos lo peor: se está convirtiendo en un niño-pijo, pensamos. Pero no, lo que pasaba es que se partía de la risa que le daba escuchar lo de “berbrriiissssss” (más/menos transcrito) en boca de una señora, ella sí muy pija/sinclase, que salía enseñando perfiles durante un sarao televisivo.

Luego durante la cena de los adultos, estuvimos practicando mucho el “I go to the beach” y, un poco a trompicones fonéticos, consiguió Daniel decirlo con mucho sentido.

Todo empezó hace ya algún tiempo, cuando nos dimos cuenta de que le gustaba mucho oír hablar en inglés. Ahora que se pasa los días charrando a su modo sin parar, ha quedado claro que parece resultarle el inglés más fácil que el castellano.

Por su cumpleaños recibió como regalo (entre otros, por supuesto…) un deuvedé de los “Little Einsteins”, dedicado a los números. Daniel sólo quiere escuchar la versión inglesa -(dos, tres veces seguidas, claro), y por su cuenta ya dice (con alguna que otra trampa): one, two, three, four, five, six y saltamos a eight. Hasta la saciedad toca repetir estos números en inglés, de seguido o sueltos. ¡Ay! ¡no os podéis imaginar qué juergas! ¡Qué alegría tan enorme cada vez que le sale bien pronunciar una de esas palabras! ¡Las carcajadas llegan a lo alto de las torres del Pilar! ¡Y qué nervioso, de la emoción!

Para nosotros es un poco misteriosa esta inclinación que le ha entrado por la lengua inglesa. Aunque de casta le viene al galgo, pues Daniel tiene una mamá políglota. Pensamos que acaso para su laringe es más fácil la fonética inglesa. Así que ya nos tememos que todos tendremos que ponernos las pilas con el inglés para entendernos con Daniel…. Ja, ja, ja. Por supuesto, que nos daría igual. Ojala.

Hace unos días Innisfree colgó, dedicado a Daniel, un video de la canción “Mujeres de Irlanda” en la versión que The Chieftains hicieron para la banda sonora de “Barry Lyndon” dirigida por Stanley Kubrick. En post anterior Innisfree había explicado la historia de esta canción, con un video de Sinéad O’Connor. Es una de las melodías preferidas de Daniel, además de ser hermosísima en sí misma. Así que la traigo aquí de nuevo para que la recordéis, esta vez en la versión de Mike Olfield.

miércoles, 8 de agosto de 2007

Un nuvol blanc

Esta mañana hemos acompañado a una querida amiga y a su familia en la despedida a su padre, que se ha ido después de muchos años de estar enfermo. La serenidad que ha presidido el acto y sus gestos me han recordado luego con insistencia la canción “Un nuvol blanc”, de Lluis Llach, que el cantante incluyó en el disco "Maremar", que dedicó a su madre, tras su fallecimiento. Me parece una canción hermosísima. Y llena de paz. Copio la letra en catalán, y en castellano más abajo.












Senzillament se’n va la vida, i arriba
com un cabdell que el vent desfila, i fina.
Som actors a voltes,
espectadors a voltes,
senzillament i com si res, la vida ens dóna i pren paper.

Serenament quan ve l’onada, acaba,
i potser, en el deixar-se vèncer, comença.
La platja enamorada no sap l’espera llarga
i obre els braços no fos cas, l’onada avui volgués queda’s.

Així només, em deixo que tu em deixis;
només així, et deixo que ara em deixis.
Jo tinc, per a tu, un niu en el meu arbre
i un núvol blanc, penjat d’alguna branca.
Molt blanca...

Sovint és quan el sol declina que el mires.
Ell, pesarós, sap que, si minva, l’estimes.
Arribem tard a voltes
sense saber que a voltes
el fràgil art d’un gest senzill,
podria dir-te que...

Només així, em deixo que tu em deixis;
així només, et deixo que ara em deixis.
Jo tinc, per a tu, un niu en el meu arbre
i un núvol blanc, penjat d’alguna branca.
Molt blanc...




Sencillamente se va la vida, y llega,
como un huso que el viento deshila, y acaba.
Somos actores a veces,
espectadores a veces.
Sencillamente, como si nada, la vida nos da y nos quita el papel.

Serenamente, cuando viene la ola, acaba,
y quizá en el dejarse vencer, comienza.
La playa enamoradano sabe de la larga espera
y abre los brazos, no fuera que la ola quisiera quedarse hoy.

Y sólo así, dejo que tú me dejes,
nada más así te dejo que ahora me dejes.
Tengo para ti un nido en mi árbol
y una nube blanca, colgada de alguna rama.
Muy blanca...

A menudo, cuando declina el sol, lo miras.
El sabe, perezoso, que si mengua, lo quieres.
Llegamos tarde a veces,
sin saber que, a veces,
el frágil arte de un gesto sencillo, podría
decirte que…

Y sólo así dejo que tú me dejes.
Y sólo así te dejo que ahora me dejes.
Tengo para ti un nido en mi árbol
y una nube blanca, colgada de alguna rama.
Muy blanca...


* Las letras vienen de la web oficial de Lluis Llach (he arreglado un poco la traducción al castellano).

lunes, 6 de agosto de 2007

María de Zayas y Sotomayor



Las tardes de verano, con sus estancias de largas sombras que tintinean entre las aspas de los ventiladores y se escurren lentamente por las orillas de los cafés con hielo, son propicias a las lecturas despaciosas y amenas. Esta tarde, estival y dominguera además, la sombra ha sido más bien una capota que ha cubierto la ciudad de un bochorno atronador y yo me he entretenido a ratos en releer algunas de las novelas exquisitas, un punto irónicas, bastante reivindicativas de la dignidad de la mujer, y en algún cabo atrevidas (teniendo en cuenta la época) de María de Zayas y Sotomayor. Estas “Novelas amorosas y ejemplares” no tienen desperdicio.

Una edición de estas novelas fue impresa en Zaragoza en 1637 y algunos estudiosos han querido pensar que ello sería porque la autora se encontraría en esa fecha en la ciudad. Pero es una hipótesis y son muy pocos los datos que existen sobre esta mujer, escritora del Siglo de Oro español. Se sabe que era hija de don Fernando de Zayas y Sotomayor, caballero de Santiago y capitán de Tercios en Flandes, y de doña María de Barasa. Se conoce una partida de bautismo, con muchos indicios de ser suya, fechada el 12 de septiembre de 1590.

En 1617 estaba doña María de Zayas en Madrid, cuando firma, un día de San Lucas, en el registro de Confederados pertenecientes a la Hermandad de Defensores de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Hasta 1637 se le sigue el rastro en dicha ciudad, donde participaba en certámenes poéticos y en las Academias literarias. Lope de Vega le dedica una elogiosa silva en el Laurel de Apolo, en 1630.

Se cree que pudo vivir un tiempo en Valladolid, ciudad a donde había trasladado la Corte el rey Felipe III. También parece seguro que estuviese un tiempo en Nápoles, porque los detalles sobre esta ciudad que introduce en sus novelas inducen a pensar que tenía un conocimiento directo de la urbe italiana. Es muy posible que pudiera ir allí acompañando a su padre, que formaba parte de la clientela del conde de Lemos, gran protector de las letras y virrey de Nápoles entre 1610 y 1614.

Poco más se sabe de esta mujer. Hay un par de partidas de defunción con el nombre de Maria de Zayas, pero sus detalles no corresponden a la escritora. El rastro de ésta se pierde completamente a partir de 1647. Hay una carta de presentación firmada por Inés Casamayor que habla de una María de Zayas viva, aunque acaso incapacitada o impedida, interesada, en todo caso, en no dejarse ver. Pero nada hay seguro.

Yo tengo una edición bastante mala de las “Novelas amorosas y ejemplares” de María de Zayas. Aunque existen algunas otras de los años ochenta y noventa, que las publican parcial o totalmente, y por lo menos otra más reciente del año 2001, publicada en la Fundación José Antonio de Castro y que está digitalizada en Cervantes Virtual. Esta edición, que incluye las Novelas amorosas y ejemplares, y también los Desengaños amorosos, segunda parte del ciclo, cuenta con un interesante y completo estudio preliminar de Estrella Ruiz Gálvez y reproduce aquella segunda edición de las “Novelas amorosas y ejemplares” hecha en Zaragoza. Por cierto que entre las décimas laudatorias a la autora que preceden a las novelas hay varias de mano femenina: María Caro de Mallén (dramaturga), Isabel Tintor, Inés Victoria de Mires y Arguillur.

La edición incluye el propio introito que confeccionó la autora en defensa de la igualdad intelectual entre hombres y mujeres y también justificando el género de novela elegido por ella como forma de su escritura. Existe igualmente un “Prólogo de un desapasionado”, curioso no sólo por su título sino por la defensa de la necesidad de comprar libros, frente a la extendida costumbre en la época de leerlos a todo correr en la tienda del librero o de pedirlos prestados a los amigos.

Los Desengaños amorosos se publicaron dos veces entre 1647 y 1649, aunque ambas partes – Novelas y Desengaños- se concibiereon de una manera originalmente única.

La obra de María de Zayas está dentro de lo que entendemos como novela cortesana, y siguen un sistema narrativo que procede de la tradición de las Mil y una noches o del Calila e Dimna: relatos independientes entre sí, aunque engarzados sobre un relato marco. Este trata de la reunión de una serie de personajes femeninos y masculinos que han de entretener a Lisis, aquejada de unas cuartanas. Para ello los convocados van a contar una serie de historias durante un sarao que se desarrollará en la pascua de Navidad, durante diez noches ( las Novelas) y en una segunda tanda durante las noches de Carnestolendas (los Desengaños). Dicho relato marco está tejido en torno al triángulo amoroso entre Lisis, Juan y Lisarda. Lo que de él se va contando, va siendo reforzado y reargumentado por lo relatos que se suceden.

La posición de María de Zayas es totalmente “militante” de la “causa femenina”. Y lo hace reinterpretando valientemente mitos de la tradición cultural, poniendo a la mujer en lugares y situaciones que hubieran correspondido a los hombres de su época. Las Novelas amorosas y ejemplares constituyen historias de reivindicación femenina: defendiendo su coherencia, animándolas incluso a acudir a las armas para defender su reputación, defendiendo su derecho a la cultura… Los Desengaños amorosos son ataques a las formas de actuar masculinas: contra sus infidelidades, su irresponsabilidad, su abuso de la fuerza respecto a las mujeres…

Un párrafo de la novela –o maravilla- primera (Aventurarse perdiendo):

Lo que sentí de ver defraudadas mis esperanzas, confirmándose en todo mis temores, y recelos, pues siendo quien soy yo, no era justo querer si no era al que había de ser mi legítimo marido, y respecto desto, había de tener fin nuestra amistad. Dieron lágrimas mis ojos, y más viendo a Celio tan cruel, que en lugar en enxugarlas, pues no podía ignorar que nacían de amor, se levantó y se fue, dexándome bañada en ellas, y así estuve toda aquella noche y otro día, que de los muchos recados, que otras veces me enviaba, en ésta faltó no quien los traxese, sino la voluntad de enviarlos. Hasta que aquella tarde vino Celio a disculparse con tanta tibieza, que en lugar de enxugarlas las aumentó. Esta fue la primera ingratitud que Celio usó conmigo; y como a una siguen muchas, empezó a descuidarse de mi amor, de suerte que ya no me vía, sino otras veces objeto de su alabanza. A estas tibiezas daba por disculpas sus ocupaciones, y sus amigos, y con ellas ocasión a mis tristezas y desasosiegos, tanto, que ya las amigas, que adoraban mis donaires y entretenimientos, huían de mí, viéndome con tanto disgusto.

Acompañó su desamor con darme celos. Visitaba damas y decíalo, que era lo peor, con que, irritando mi cólera y ocasionando mi furor, empecé a ganar en su opinión nombre de mal acondicionada; y como su amor fue fingido, antes de seis meses se halló tan libre dél como si nunca le hubiera tenido, y como ingrato a mis obligaciones, dio en visitar a una dama libre, y de las que tratan de tomar placer y dineros, y hallóse tan bien con esta amistad, porque no le celeba, ni apretaba, que no se le dio nada que yo lo supiese, ni hacía caso de las quexas, que yo le daba por escrito y de palabra las veces que venía, que eran pocas.”


Dejo aquí el enlace a la página de Cervantes Virtual desde donde puede leerse o descargarse la obra de María Zayas.

La imagen de María de Zayas puede encontrarse en la página del profesor Robert Lauer (Universidad de Oklahoma, USA) donde además se recogen los nombres de varias dramaturgas españolas del Siglo de Oro, que todavía casi nadie conocemos, creo yo.

jueves, 2 de agosto de 2007

Dos poemas de Ana Muñoz





Siento la lluvia en el dolor de mi ventana.
¿Por qué no lloras de noche?
Cuando nadie me vea
utilizaré tu camiseta para limpiar los cristales
y aprovechando tu desnudez
haremos el amor
para que lluevas de otro modo.



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Hoy no estoy fuera de cobertura.
Hoy estoy apagada.
Y de nada sirve que me hables.
Me enchufes,
me adules
con esas palabras que siempre tienes en los bolsillos
para cargar baterías.

No te preocupes.
Ni te asombres
de que la parte móvil de mi cuerpo
esté apagada o fuera de cobertura.
Hazlo si la encuentras encendida.
Si consigues encenderme.



*Llevo varios días pidiéndole a Ana Manzana Muñoz que nos enseñe algunos de sus textos. Hoy ha dejado entre las notas de este blog estos dos bellos (y algo melancólicos) poemas. La pintura de Edward Hopper, titulada "Morning sun", aunque no tiene lluvia, creo que les va bien. Fue pintada en 1952, en óleo sobre lienzo, y la guardan en el Columbus Museum of Art, de Ohio.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Gira, gira...



Ni tan siquiera el viejo ventilador del techo,
cadencioso en su viaje de noria,
ha podido deshacer el ardor de la tarde.
Tú, desnuda, con los ojos cerrados,
elaboras un juego de caricias
como en un remoto sueño
que en tu piel se dibuja.
Se hace sudor y escalofrío: deseo,
y un ahogado gemido se prolonga
en la luz de tus dedos
como si un traslucido tesoro
hiciera de tus blancas piernas
un lugar de encuentro
donde cantar un salmo al placer,
volcán de almizcle derramado
con que desearas saciar unos labios lejanos
con la única compañía impasible
del viejo ventilador y su zumbido.



* Este poema de Fernando Sarría me gustó por su atmósfera y por el juego entre los brazos, de todos los brazos. El ahora me deja que lo traiga aquí. Disfrutadlo.

* La imagen es la de un cuadro de Amadeo Modigliani

Blow out



Ya todo el mundo sabe que el mismo día que Bergman también se fue Michelangelo Antonioni, otro de los grandes. Quizá su película más referenciada sea "Blow up". Dejo por ello un enlace a un reportaje sobre esta película y las claves que la relacionan con "La ventana indiscreta" de Hitchcock, otra que siempre me ha fascinado completamente. El reportaje apareció en enero de este año en la revista "Miradas de cine", firmado por Ismael Marinero.


Como no podía ser de otra manera, 39 Escalones ha incorporado su post especial sobre Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni. Como todos los suyos, absolutamente recomendable.