miércoles, 31 de octubre de 2007

La luz de las ánimas

Cartel de "La luz de las ánimas" del año 2006


La celebración del día de Todos los Santos y el Día de Difuntos, vulgarizada y banalizada hoy en las formas exportadas desde Estados Unidos, hunde sus raíces en ancestrales tradiciones que se extienden por toda Europa y América. Se habla de orígenes celtas, quienes celebraban la llegada del imperio de las tinieblas, encarnadas en las largas noches invernales. Era el momento propicio para acordarse de los difuntos. El mundo de los vivos se acercaba al mundo de oscuridad de los muertos.


Recientemente, un pueblo aragonés de la zona del Moncayo, Trasmoz, famoso ya por su tradición en brujas y conjuros, ha recuperado, tras cuarenta años, los ritos antiguos de celebración de esta fecha de difuntos, que son comunes a muchos de los pueblos de la zona, y que eran los rezos, los toques de campanas y el prendimiento de luces.


La celebración, auspiciada por la Asociación Cultural “El embrujo”, ha tenido lugar esta año, por adelantado, ya el día 27. Ese día Trasmoz, que sólo cuenta habitualmente con setenta habitantes, se llenó con cientos de personas.


Por el pueblo, el monte y el cementerio se disponen numerosas calabazas con velas encendidas dentro. La colocación de estas calabazas-calaveras tendría que acompañarse con el toque de campanas (que todavía no se ha recuperado, debido a la falta de personal que lo realice adecuadamente). La creencia establecía que con el toque de campañas las almas resucitarían. El número de calabazas iluminadas que alumbraron el pueblo ha de ser el mismo que el de difuntos se supone que hay enterrados en el cementerio del pueblo, “porque si un alma se quedaba sin luz, te perseguía de por vida”.


También se ha recuperado el rezo del rosario en procesión desde la iglesia al cementerio y el canto de “los gozos para las ánimas benditas” que se entonaba en la iglesia. Los participantes en esta procesión, que tiene lugar al atardecer, deben vertirse de negro, los adultos, y de blanco los niños.


Aprovechando el marco de estas celebraciones, la Editorial Olifante, que dirige con tanto empeño Trinidad Marcellán, ha tenido la feliz idea de convocar el Premio de Poesía del Miedo. La entrega de los premios se llevó a cabo en el Castillo de Trasmoz, al pie del cual se encuentra la Casa del Poeta, fundada por la Asociación Cultural Olifante. En esta ocasión, los autores premiados fueron Miguel Ángel Curial, de Lugo; y Ángel Gracia, de Zaragoza. El primero fue galardonado con el premio de críticos y el segundo con el que otorga el público. Hubo lectura de varios poemas participantes en el certamen y, por la noche, se celebró el VI Festival de Cuenta Cuentos de Terror.


* Sumémonos a la celebración: dejo este enlace a la Biblioteca Digital Ciudad Seva para que podamos leer un cuento de Poe.

lunes, 29 de octubre de 2007

"Que mi nombre no se borre en la historia"





Le decía a 39 Escalones en los comentarios a su post de hoy ¡sobre la película Raza, aquel engendro ideado por Franco!, -muy bueno el post, por cierto, como acostumbra Escalones- que este fin de semana he visto “Trece rosas” y que no me ha gustado. Sin embargo, permanecí apabullada ante la historia contada, como le sucedió a la gran mayoría del público asistente. Esas cosas se notan. Tal emotividad se debe sin duda al impacto que ejerce sobre el espectador la barbaridad de los hechos narrados, absurdos, desmesurados. También es cierto que la edad media del personal no era demasiado baja. Vi a algunos jóvenes. Pero muy pocos.

Pensaba el sábado, entre lagrimones, que estos temas de nuestra memoria colectiva cada vez interesan menos a las generaciones más recientes. Seguramente que muchos dirán aquello de que la cosa no va con ellos. Yo, sin duda por deformación casi profesional, creo que el conocimiento de la historia no estorba a nadie. Más bien lo juzgo imprescindible. Y hay episodios de esa historia que resumen, con dos puñetazos en el alma, el sentido más complejo de lo sucedido en una época.

Preguntarse qué pasó, y por qué pasó, en aquellos desgraciados momentos de nuestra historia, o en otros de la historia universal, es un ejercicio de humildad individual y colectiva que seguramente nos vendría muy bien a esta panda de engreídos en que nos hemos convertido. Quizás ayudaría a nuestros jóvenes a construir otro futuro del que parece esperarnos. Los 56 jóvenes fusilados el 5 de agosto de 1939 se atrevieron a hacerlo. Y una de ellas, Julia Conesa, escribió a su madre, en la carta que todas las muchachas tuvieron la oportunidad de redactar antes de ser fusiladas, la frase que justifica que todavía sigamos recordando episodios como éste: “que mi nombre no se borre en la historia”.

Un enlace a la entrada de Wikipedia para la historia de las Trece Rosas. Si alguien tiene mucho interés, allí se anotan algunas fuentes y libros a consultar.

Otro enlace a un artículo de El País del año 2005 y otro de El Mundo que también contienen documentación

*Actualización: 39 Escalones llama la atención en su comentario a este post sobre las cosas que cuenta hoy Pío Moa en el periódico "Público", a propósito de su último libro. Si pincháis, pues ya veréis. Creo que hay que saber que cosas como las que dice este hombre se siguen pensando en este país, a pesar de todas las revisiones documentales e históricas que ya se han verificado.


Ybris cumple

Como ando líada con la madera y los libros, estos días no he leído mucho (paradojas), ni en papel, pero tampoco en digital. No obstante, un pajarito me lo ha chivado: Ybris cumple. Gran ramo de felicidades para ti, guapísimo, y esta canción, que siempre me ha gustado mucho y que está llena de buenos sentimientos.



Dejo también un enlace a una web donde están las letras de las canciones de Elton John, para que se pueda seguir este "Your song".

Besos, y que seas feliz.

viernes, 26 de octubre de 2007

Alfanhuí


Jardín seco. Fernando Zóbel. 1969. Óleo sobre lienzo. 80 x 80 cms. Museo de Arte Abstracto Español. Cuenca.



Estamos en casa arreglando y aumentado nuestras estanterías. Las habitaciones todas se han llenado de libros, que han bajado desde las paredes del estudio y se han tirado por encima de la mesa del salón, en el sofá, en el sillón, en las camas, por el suelo… Algunos ratos hay que escribir y trabajar en la cocina. Voy emigrando de una a otra habitación, abrazada al portátil, según la hora del día o de la noche.

Hay que aprovechar para hacer una reordenación libraria, que se impone ya por razones de espacio y eficacia. Escruto entre los montones de libros; los limpio, les quito el polvo, a algunos los miro un poco y los hojeo. Me encuentro con viejos amigos. Viejos amigos libros y viejos amigos míos. A algunos juntos en las mismas páginas.

Mi edición de “Alfanhuí” de Rafael Sánchez Ferlosio es ya antigua. Un libro de bolsillo de la colección Destinolibro, que vio la luz en 1977. A mi me lo regalaron en 1979, quizás, a decir de la fecha que en él estampé, con motivo de la fiesta de Reyes. No lo recuerdo exactamente. Pero recuerdo bien los ojos del amigo que me dijo: “Te va a gustar mucho, a ti te va a gustar mucho”. Tiene este libro una emotiva dedicatoria suya y otra de una también amiga mía, que entonces era su novia. El libro, efectivamente, siempre me ha gustado mucho. Tan diferente a la famosísima novela “El Jarama”, aunque con la misma honda sabiduría en el empleo del lenguaje. Y con la misma cartografía del desamparo. Ahora hacía bastante tiempo que no lo ojeaba.

Transcribo algunos de los títulos de los capítulos, para que se vea la exquisita y delicada imaginación de Ferlosio:

De un gallo de veleta que cazó unos lagartos y lo que con ellos hizo un niño

De cómo el niño fue a Guadalajara y se llamo Alfanhui y las cosas y personas que había en la casa de su maestro

De las cosas que había en el jardín de la luna donde casi todo era como plata

De un viento que entro una noche en el cuarto de Alfanhui y las visiones que este tuvo

De cómo volvió Alfanhui a casa de su madre la cual estaba limpiando lentejas

De cómo despejó una nieve la melancolía de Alfanhuí


Ferlosio dijo de su libro, que escribió en 1951, que era como “una historia castellana llena de mentiras verdaderas” (también dijo que lo había escrito un primo suyo). Yo diría que es un libro poético en el que se hace un relato imaginario y fantasioso con palabras que pertenecen a la realidad común. Una confluencia de géneros e intenciones, envuelta en papel de regalo. Aunque lo que Ferlosio cuenta no es bicoca, ni mucho menos. Porque aparecen rotundos rasgos de la dureza de la vida castellana en muchas de sus páginas. Y Alfanhuí es un niño solitario. Como lo fueron muchos de los niños de la posguerra española.


Siempre pensé que mi amigo era un poco como Alfanhuí. Como él se marchó un tiempo después a correr industrias y aventuras. Le gustaba África y ser alquimista. Le vi poco desde entonces. Y luego se fue… seguramente a la isla de los alcaravanes, bajo la niebla y el arco iris, como Alfanhuí. Pero hoy ha estado aquí.



jueves, 25 de octubre de 2007

Filosofía?¿


Escucho y leo a quienes son humanos de generación reciente. Se impone lo inmediato, lo fragmentario, lo incisivo, el lenguaje orgánico. Creo definitivamente muerta la filosofía y creo que me da igual. Aunque Joyce ya hizo un buen intento.

martes, 23 de octubre de 2007

Todos los niños son especiales



El contador de Lamima sigue en marcha. Llevamos bastante más de un mes esperando las adaptaciones de mobiliario precisas para Ainhoa. Hay que explicar que estas adaptaciones constituyen un elemento esencial de la tipología de la plaza escolar de integración que ocupa Ainhoa en su colegio. Ella precisa estas modificaciones en los muebles debido a su acondroplasia. Las necesita no sólo porque sea bajita y no llegue bien a la mesa de tamaño “normalizado”. Sino porque es preciso que se siente adecuadamente para que su esqueleto y su musculatura no sufran más problemas de los que ya le puede producir la acondroplasia (¿es así, no, Mima?). Por eso todo habría debido de estar previsto de antemano. La familia de Ainhoa lo había previsto. El colegio y los responsables del sistema educativo, no.

Estas son las insuficientes coordenadas con que se anda aplicando el concepto de integración educativa. Sé que en otros ámbitos de la integración (como el de la población inmigrante) también hay muchos problemas, sobre todo de distribución de los alumnos entre colegios públicos y privados. Esta incapacidad para resolver los problemas que plantea la integración, es lo que seguramente lleva a la existencia de una educación especial en centros separados. Es más fácil, más cómodo, y menos caro tener núcleos específicos de educación especial.

Sin embargo, yo siempre he pensando que para los alumnos con características especiales – y me refiero ahora exactamente a los alumnos con discapacidad física o mental- lo mejor sería su escolarización dentro de los centros “generales”. Es un tema muy complicado. Los alumnos que reciben su educación en los colegios especiales no podrían, evidentemente, seguir el ritmo de una clase habitual. Pero quizás tampoco sería tan descabellado la existencia de aulas para alumnos con discapacidad dentro los centros “generales” . Su ubicación en ellos permitiría, por lo menos, el contacto habitual entre los niños con discapacidad y los que no la tienen. Daría lugar a que todos desarrollaran algunas actuaciones de forma conjunta. A veces no se valora suficientemente lo importante que es para los chavales con problemas la estimulación de los otros niños. Además esa “coeducación” sería, naturalmente, lo que mejor ayudaría a la confluencia de las actividades sociales en general con las condiciones de la vida en discapacidad. Lo que mejor ayudaría a entender los problemas de la gente con diversidad funcional. Sentaría las bases de una real convivencia en todos los ámbitos sociales. Para entender hay que conocer.

Quiero ser realista, no obstante. Sé que lo que digo, hoy por hoy, es una absoluta utopía, por lo menos en este país. Así que por lo menos habrá que pedir una buena y suficiente educación especial según ahora se concibe, lo cual no siempre sucede.

Alguna vez he incidido en el hecho de que el colegio de educación especial al que asiste Daniel, - aunque lógicamente tiene cosas mejorables -, ofrece una atención muy estimable a los críos. Llegar hasta él no fue fácil. No es el primer colegio al que asiste. Ni la escolarización de Daniel fue un camino de rosas.

Cuando se planteó el momento de escolarizarle, fuimos a ver un colegio público, el “Alborada”, que le habían recomendado con gran énfasis a Inma, su madre. Nos gustó mucho lo que observamos, lo que nos contaron, e incluso el lugar donde está el centro, en el mismo barrio donde vivían por entonces Daniel y sus padres. Hoy en día, en Zaragoza, hay sólo cuatro colegios públicos de educación especial. No son muchos, en absoluto. Pero entonces eran solamente dos, el citado y el “Rincón de Goya”, donde también hacen una labor estupenda.

Los adultos más cercanos a Daniel, entre ellos evidentemente en primer lugar sus padres, pensábamos que con las referencias que teníamos de las características de los diversos centros dedicados a la educación especial en la ciudad y poblaciones próximas, tanto privados como concertados o públicos, la mejor opción era la de la enseñanza pública. Pero no pudo ser. No había suficientes plazas en los dos únicos colegios públicos existentes.

El primer año de su vida escolar, Daniel fue a un centro dependiente de una institución privada, que cuenta con subvenciones públicas. No diré su nombre. Si hubiéramos estado contentos con las condiciones generales de atención y funcionamiento, lo diría. No se dio el caso. Y fue muy frustrante. Porque habíamos luchado mucho toda la primavera para conseguir una plaza en la educación pública: instancias, recursos, prensa, entrevistas con los responsables… En fin, un calvario que no obtuvo el resultado apetecido. Para más desesperación, a lo largo del curso no encontramos avances reseñables en Daniel. Y nos empezábamos a dar cuenta de que el niño no iba contento. Se produjo alguna experiencia no muy agradable. Hubo rumores de otros problemas, que no voy a contar. Y todo ello colmó el vaso de nuestra paciencia. De nuevo a luchar.

Pedimos el cambio de colegio. Creo recordar que ya fuera de plazo de matrícula, incluso. Afortunadamente, supongo que ante la demanda de plazas también por parte de otras familias para la enseñanza especial pública, la administración se dio entonces cuenta de que era muy insuficiente el número de colegios públicos existentes. Nosotros habíamos vuelto además con nuestras peticiones, recursos, entrevistas con responsables, lo que hiciera falta.

Ese mismo verano se proyectó y puso en marcha un nuevo colegio, aprovechando un coqueto edificio que había albergado los cursos infantiles de otro centro educativo. Entre los admitidos en el hoy llamado “Ángel Riviere”, estuvo, afortunadamente, Daniel. Respiramos. Cuando comenzó el curso, respiramos más. Los cambios que percibimos a muchos niveles (organización, actividades desarrolladas, personal docente, etc) fueron considerables. Seguimos hoy en día en el mismo colegio. Hay cosas, ya he dicho, mejorables. Hemos tenido algún que otro problema, que ya contaré. Pero en conjunto, yo me atrevo a decir que el balance de estos años es muy positivo.

Además, este mismo curso se ha puesto en marcha un nuevo colegio público de educación especial en Zaragoza, el “Goya II”, con lo que ya son cuatro los centros públicos de educación especial existentes en la ciudad. Hay que tener en cuenta que los dos últimos colegios se han habilitado en cuatro años. Pasaron muchos más durante los cuales sólo hubo DOS en una ciudad de casi setecientos mil habitantes. Esos dos centros atendían además a chicos de la provincia, como sigue sucediendo.

No estoy diciendo con todo lo anterior que todos los centros privados o concertados de educación especial estén peor cualificados y calificados que los públicos. Hablo de una experiencia concreta. Aunque mi convicción es, sin duda, que este tipo de enseñanza y de atención se desarrolla mejor desde las instancias públicas, que además están especialmente obligadas a ellas. Por una clara razón: no hay rentabilidad inmediata capaz de afrontar con garantías éticas suficientes el esfuerzo que requiere la atención y el desarrollo de los niños con discapacidad. Un esfuerzo que es obligatorio para la sociedad, que es un deber de la sociedad en su conjunto, como lo es el de la educación de todos sus componentes. Ni más ni menos. Una educación que, repito, yo creo debería ser mucho más integradora.


* La imagen viene desde el blog "Divulgación del Programa de Educación Especial"

domingo, 21 de octubre de 2007

Venecia


"El concierto campestre". Tiziano. Hacia 1509. Museo del Louvre.




Todo me recuerda a Venecia.

Todo me recuerda a ti.

Cruza la lluvia del otoño mi rostro con tu nombre

y en el acoso de la soledad

las calles se tiñen en sus charcos

con la púrpura de tu cuerpo desnudo en aquella ventana

en que te besaba un crepúsculo de verano.

Hay una gran parte de mí que apenas te ha olvidado

y no se esconde entre las sábanas

reclamando tu piel y tu deseo.



* Marta Navarro, la poeta nómada de "La Victoria del Heno", ganadora del premio Victoria Kent de poesía, ha escrito un comentario a mi poema "Venecia tras una tormenta de verano" - anda todavía un poco más abajo- y dice que hoy domingo, mire usted por dónde, todo le recordaba a Venecia. Entonces Fernando Sarría, el poeta que siempre sabe qué decir, me ha mostrado este poema que ahora cuelgo y que ha barrastroneado al hilo de los acontecimientos. Yo le adjunto ahora esta pintura del gran Tiziano, genial maestro veneciano, llamada "El concierto campestre" y que antaño los expertos entendidos atribuían al nostálgico Giorgione, confusión que se ha extendido a otras obras de ambos.

Poeta en Nueva York



Hoy el diario El País ha estrenado nueva cara. A mi me gusta el cambio de aspecto. Y me gusta esa conexión de complementariedad que se establece entre la edición en papel y la digital. Las posibilidades que esta fórmula ofrece aparecen espléndidamente visibles en el reportaje titulado “Definitivo Poeta en Nueva York”, sobre el original del borrador del libro preparado por García Lorca poco antes de su muerte, y que dejó en la sede de la revista Cruz y Raya para que lo revisara José Bergamín. La Fundación Federico García Lorca lo compró en subasta en 2003 y ahora prepara la que se supone será edición definitiva del poemario lorquiano, que está previsto se presente dentro de un par de años.

Creo necesaria esa edición, pues desde siempre he conocido polémicas y distintas versiones acerca del contenido y ordenación de “Poeta en Nueva York”. La aparición del famoso, misterioso y siempre comentado “borrador de Bergamín” ya fue una muy buena noticia. Es de suponer que la nueva edición fijará de manera inequívoca los poemas y estructura de uno de los poemarios capitales de la lengua castellana.

Como para mucha gente, mi fascinación por él es ya antigua. Aprovechando la noticia de El País, quiero copiar aquí un poema que me inquieta especialmente. Aunque hubiera podido colgar cualquier otro del libro, lo reconozco. Todos son imprescindibles desde mi punto de vista.




Poema doble del lago Eden



Era mi voz antigua
ignorante de los densos jugos amargos.
La adivino lamiendo mis pies
bajo los frágiles helechos mojados.

¡Ay voz antigua de mi amor!
¡Ay voz de mi verdad!
¡Ay voz de mi abierto costado
cuando todas las rosas manaban de mi lengua
y el césped no conocía la impasible dentadura del caballo!

Estás aquí bebiendo mi sangre,
bebiendo mi amor de niño pasado,
mientras mis ojos se quiebran en el viento
con el aluminio y las voces de los borrachos.

Dejarme pasar la puerta
donde Eva come hormigas
y Adán fecunda peces deslumbrados.
Dejarme pasar, hombrecillos de los cuernos,
al bosque de los desperezos
y los alegrísimos saltos.

Yo sé el uso más secreto
que tiene un viejo alfiler oxidado
y sé del horror de unos ojos despiertos
sobre la superficie concreta del plato.

Pero no quiero mundo ni sueño, voz divina,
quiero mi libertad, mi amor humano
en el rincón más oscuro de la brisa que nadie quiera.
¡Mi amor humano!

Esos perros marinos se persiguen
y el viento acecha troncos descuidados.
¡Oh voz antigua, quema con tu lengua
esta voz de hojalata y de talco!

Quiero llorar porque me da la gana,
como lloran los niños del último banco,
porque yo no soy un hombre ni un poeta ni una hoja,
pero sí un pulso herido que ronda las cosas del otro lado.

Quiero llorar diciendo mi nombre,
rosa, niño y abeto, a la orilla de este lago,
para decir mi verdad de hombre de sangre
matando en mí la burla y la sugestión del vocablo.

No, no. Yo no pregunto, yo deseo.
Voz mía libertada que me lames las manos.
En el laberinto de biombos es mi desnudo el que recibe
la luna de castigo y el reloj encenizado.

Así hablaba yo.
Así hablaba yo cuando Saturno detuvo los trenes
y la bruma y el Sueño y la Muerte me estaban buscando.
Me estaban buscando
allí donde mugen las vacas que tienen patitas de paje
y allí donde flota mi cuerpo entre los equilibrios contrarios.



* Copio el poema del tomo primero de las Obras Completas del Círculo de Lectores, correspondiente a la Poesía, editado por Miguel García Posadas en 1996. El dibujo de Lorca viene desde la galería fotográfica incluida por El País en el reportaje citado.

viernes, 19 de octubre de 2007

Discapacidad, Universidad y vida en general

Todavía sigue siendo noticia a veces en los medios de comunicación la presencia en los centros universitarios de alumnos con alguna discapacidad. Es de esperar que la situación se "normalice" paulatinamente. Se supone que el ámbito universitario puede ser uno de los más propicios a la suficiente flexibilidad para que el concepto de "normal" abarque muchas situaciones.

De momento, creo que es una buena noticia la edición de una guía que sirva para sentar claramente las pautas de ayudas a desarrollar para que las personas con discapacidad puedan llevar a cabo las diferentes actividades propias de la vida universitaria sin problemas: clases, exámenes, acceso al transporte, etc. Esa guía se ha editado gracias a un convenio entre la Universidad de Zaragoza y el Gobierno de Aragón. No conozco su contenido. Pero creo que su existencia es buena. Porque además llama la atención sobre situaciones que, ya digo, deberíann ser normales cuanto antes.

Aprovechando la presentación de la guía a los medios de comunicación, se ha anunciado también la celebración, en Zaragoza, la próxima semana del III Congreso Nacional de Universidad y Discapacidad, que tendrá lugar entre los días 24 y 26.

En fin, estas cosas deberían tener luego una aplicación REAL. Deberían servir para que en todos los ámbitos las cosas vayan cambiando. Sólo cambiarán si lo hacen en el día a día. Eso es así. Y lo digo, porque el contador de Lamima sigue en marcha. Os recomiendo, como otras veces, su post de hoy. Leedlo, por favor. Creo que demuestra cómo en realidad, integrar a las personas con discapacidad (o diversidad funcional, como algunos colectivos prefieren decir, en una perifrasis que es quizás algo confusa, pero que tiene sus razones) no es tan dificil. Voluntad es lo que hace falta. Y un poco de trabajo. Y a nivel institucional, algo de presupuesto, claro.

miércoles, 17 de octubre de 2007

VENECIA depués de una tormenta de verano



Margarita fumo su cigarrillo, miró a su alrededor- puso su blusa en orden y caminó tan hermosa que él tuvo que esperarla para siempre.


Dura la caricia lo que el tramo breve de la sombra al mediodía. Margarita lo sabe: en la estrecha calleja medieval no alcanza el aire sobre los puentes trepa la humedad y florecen los antiguos palacios desollados. Donde cesa la lluvia comienza el horizonte, termina la ciudad -(de nuevo la ciudad), lamida por mil lenguas que el mar devora.

Margarita sonríe. Demasiada belleza para el hombre que deja su maleta en consigna, mira a su alrededor y entretiene sus manos en un juego sin fin de cigarrillos. Margarita lo sabe.


Es una vieja, muy vieja película. La belleza de ahora fue en otra historia y de otra forma contada tan sólo ostentación que el tiempo melancólico y estúpido desgasta y enaltece. Vestida como un escaparate Margarita sonríe. Margarita lo sabe.


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* Fernando Sarría colgó este poema el otro día en su Crepusculariosiglo21. A Lamima parece que le gustó (y también a Ybris -gracias, maestro): como sigue siendo su cumpleaños, lo pego ahora aquí. La foto es de otro maestro, Carlos Manzano.

Felicidades, Mima guapa



¡Felicidades, guapa, mucha felicidad para ti!



Te dejo esta foto-regalo tomada en una tienda para turistones en Monreale, al lado de Palermo, donde hay un monasterio precioso. Como dijiste que te gustaban las marionetas, pues eso. Estas de la foto son de las que hacen para los guiris. Pero me gustó el teatrillo y su color. Así que espero que te inspiren fantasía, montones de ilusión y excelentes deseos, porque todo será merecido. Beso, besos, besossss

lunes, 15 de octubre de 2007

Planeta Herculano



Me parece bien la iniciativa del blog action day. Y me parece de perlas que hoy se dedique a algún tema relacionado con el medio ambiente. Yo quiero unirme, un poco de puntillas, a la iniciativa, poniendo en voz alta una reflexión que me viene a la cabeza con reiteración ante diversas circunstancias. No es nada original. Pero en un día como hoy quizás le venga bien un poco de eco.

La foto es una imagen de Herculano. La vieja Herculano sepultada bajo la ira del Vesubio, que se ve al fondo, hace cerca de dos mil años. Y entre ambos, la nueva Herculano, que ha insistido en crecer en el mismo lugar. Porque a pesar de todo, el hombre forma parte de la naturaleza. Y el hombre siempre ha sabido que debía luchar con la naturaleza para sobrevivir y prosperar: a veces junto a la naturaleza, a veces contra la naturaleza. Y el hombre siempre supo que las reglas las imponía la naturaleza. El hombre podía contener ese poder en algunos límites en beneficio propio. Pero la última palabra era siempre de la naturaleza, porque nosotros, humanos nada más, también somos planeta.

Ni los habitantes de Herculano ni los de Pompeya sabían que la gran montaña que los vigilaba continuamente era un volcán. Su estallido fue una brutal sorpresa, en todos los sentidos. Fueron inocentes en manos de un ciclo de la violencia que se agita dentro de la tierra, y que la mantiene viva.

Los hombres que hoy deforestamos sin conocimiento, perforamos con desafuero, aumentamos la temperatura ambiental con alegría, enladrillamos las costas con avaricia, quemamos combustible sin medida, etc, etc, sí que sabemos que todas esas acciones entrañan unos riesgos cada vez mayores para la sobrevivencia equilibrada del planeta. Y también sabemos, hasta con exactas mediciones microelectrónicas, que esas acciones no le están sentando nada bien a la naturaleza. Ya no somos inocentes en medio de un planeta. Somos tontos y estúpidos glotones. Los ciclos del hombre son cortos -por eso los habitantes de Pompeya y Herculano no sabían que el Vesubio era un volcán-. Los de la naturaleza siempre terminan por sobrepasarnos. Y si algún día no es así, también entonces lo será de todas formas. Porque habremos alcanzado el colapso. Y no podremos decir que habrá sido una sorpresa. Las leyes de la naturaleza son las que son.

domingo, 14 de octubre de 2007

La bahía de Nápoles




Francisco Aranguren dejó, en su comentario a mi post del día 10, - ese en que me daba por casi regresada -, una sentida evocación de su experiencia de la contemplación de la bahía de Nápoles. Hice algunas fotos desde las ventanas y las terrazas de la Certosa de San Martino, una tarde que se iba poniendo negra por momentos y que terminó con una escandalosa lluvia casi de verano. No me salió muy bien el intento de panorámica, la verdad. Y la luz estaba delicada y difícil. Pero de todas maneras dejo la foto para que intuyáis por lo menos la hermosura de la bahía.

Aquella mañana, -el domingo pasado, exactamente, hace ahora pues una semana ya- estuvimos en el Museo de Capodimonte. Bajamos luego a comer hasta una pizzería muy popular (supongo que por conocida, pero también popular en sentido vertical, o sea “muy de barrio”) de la Piazza Caritá, en medio de Vía Toledo. Esta calle es la arteria vital y turística de la ciudad. A su lado crecen y se despliegan antiguas vías, muchas de ellas construidas por los españoles, por las que culebrea una abigarrada multitud de inquietos, pero pausados, napolitanos. La estrechez de estas calles, larguísimas, y la constante presencia de cientos de prendas tendidas por ventanas y balcones, como banderas de un palio cotidiano, impide que llegue la luz del sol hasta el suelo. En contraposición a este centro histórico y ruidoso de la ciudad, tanto Capodimonte como el barrio del Vomero, elevados ambos vertiginosamente y de pronto, aparecen más ordenados, más despejados, más silenciosos. Además, han crecido en círculos por las laderas de los montes, mientras el centro antiguo tiende mejor a la cuadrícula y a las callejuelas radiales.

Aquel mediodía, Vía Toledo estaba más tranquila de lo habitual, a partir de la Piazza del Museo Arqueológico. Aunque hasta allí, desde Capodimonte, nos costó media hora bajar en autobús, debido a un monumental atasco de tráfico, que de pronto desapareció. Desde Piazza Dante hacía Piazza Trieste, Vía Toledo bullía, como siempre, pero a un ritmo más lento y era mucho menor la presencia de las mantas que sobre las aceras muestran sus imitaciones de artículos de marca, en frente mismo de las tiendas donde se pueden vender los supuestamente auténticos.

Después de comer, caminamos hasta el Funicular Central y en él ascendimos el Vomero para visitar la Certosa de San Martino. Es un edificio de excelente arquitectura que fluye desde el renacimiento al barroco con absoluta naturalidad. Allí se guardan, entre otros tesoros, algunos cuadros de Ribera, hasta los que me guió Fernando porque yo me había despistado, y un par de deliciosas esculturas de Bernini, que descubrió Raquel al final de un montón de salas que nadie visitaba. Me quede boquiabierta también ante las taraceas de los armarios de la sacristía. Una técnica que practicaba con sabiduría mi viejo amigo, Pedro Milano.


Como la Certosa es bastante grande, aunque nos cruzamos con varios grupos de visitantes, no se dejó notar el característico agobio del turista ante la falta de espacio vital. Deambular por los patios casi toscanos de la Certosa napolitana, perderse por las estancias vacías del museo que alberga el edificio, contemplando a lo lejos la bahía que se iba cubriendo de oscuras nubes, fue uno de los placeres más saboreados de la estancia en Nápoles. Desde una de esas estancias tomé la foto que habéis visto arriba. Coincido con Francisco Aranguren que la estampa de la bahía desde lo alto es una de las cosas más bellas que pueden verse en la ciudad. Después de esa contemplación y de caminar al día siguiente por el Lungomare, -el paseo ciudadano que la va bordeando y por el que casi nadie transitaba durante la mañana de lunes- me dio pena pensar que, según mi percepción, esta fascinante ciudad vive bastante de espaldas a su bahía.

A la salida de la Certosa de San Martino, el regreso al hotel fue un continuo descenso en círculos de más de veinte minutos en taxi hasta llegar al mar, acompañados por un aguacero importante, de los de cortina espesa, que nos hubiera cambiado por completo el recuerdo de aquella tarde dominical, si no llegamos a tomar oportunamente ese taxi que nos depositó amablemente en la misma puerta del hotel.

viernes, 12 de octubre de 2007

Ruggiero



Miembros del Consejo de Carlomagno. Ruggiero es el quinto de la fila (foto: Museo Internacional de Marionetas de Palermo)



Alguna vez he contado que me gustan mucho las marionetas y los títeres. Y que tengo algunas compradas y regaladas. No muchas todavía, aunque espero ir aumentando mi colección. De Sicilia he traído a Ruggiero, un paladín, miembro del Consejo de Carlomagno. Es un personaje de L´Opera dei Pupi, que compré en el taller de marionetas que mantiene en Palermo, junto a su teatro, la compañía de Mimmo Cuticchio, acreditado “puparo”, marionetista de fama internacional. A Ruggierio lo tenían colgado en el pequeño taller de Vía Bara all´Olivella, junto a otros personajes más modernos y llamativos. Pero yo lo elegí porque él forma parte de los espectáculos más tradicionales de los pupi sicilianos, aquellas historias que derivan del cantar de Orlando el Furioso, el celebre poema caballeresco de Ariosto. Son episodios fantásticos y fascinantes, que han encandilado al público popular hasta que fueron en buena parte barridos por el cine y sobre todo por la televisión. Los espectáculos de pupi, que incluso saltaron a América de la mano de la emigración, dejaron de deambular por el país y se han refugiado desde hace años en compañias estables, que en buena parte sobreviven gracias al turismo. Y también gracias a que han adquirido un valor añadido como un bien cultural. De hecho L´Opera dei Pupi fue declarada en 2001 por la UNESCO como Obra Maestra Del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Da cierta pena pensar en esta, al fin y la cabo, reducción, cuando en otro tiempo formaron parte arraigada de la vida siciliana, hasta el punto de que sus personajes servían para designar formas de comportamiento cotidianas en la sociedad; o hasta el punto de que hubo quien confundió aquellas historias y sus personajes con la propia realidad, conociéndose varias anécdotas en las que algun espectador la emprendió contra los personajes “malvados”. Antonio Pasqualino contaba un caso especialmente conmovedor: el de un espectador que acudió, después de la representación, al taller del puparo y robó la marioneta de Gano, al que colgó de un árbol y disparó con su pistola. Al día siguiente, al verlo de nuevo sobre el escenario, sin entender cómo podía estar allí de nuevo si el lo había matado, enloqueció.



Intenté ir también en Palermo al Museo Internacional de Marionetas, dedicado a Antonio Pasqualino, quien junto a su mujer y actual directora, Jane Vibaek, lo impulsó y organizó. Sé que ese museo, ubicado en Vía Bureta, cerca del puerto y de un renovado paseo marítimo palermitano, guarda cerca de tres mil marionetas, tanto sicilianas como del resto del mundo. Desgraciadamente no pude entrar, no estaba abierto el día que fui. Me quede bastante frustrada, la verdad. Menos mal que estaba el mar muy cerca y que el paseo que sustituyó la visita al museo mereció la pena. El paseo marítimo de Palermo es una hermosa zona verde, donde los adolescentes y jóvenes no escatiman efusividades amorosas; cuerpo a cuerpo, se los ve sin vergüenza frente al mar, y eso está bien. Luego para que todo el mundo lo recuerde, dejan el suelo y los gigantescos bloques de hormigón del rompeolas cuajados de pintadas, generosas pintadas que prometen amores y devociones “tre metri sopra il cielo”.



Dejo algunos enlaces para el que quiera saber algunas cosas de los pupi:


Museo Internacional de Marionetas Antonio Pasqualino

Figli d´Arte Cuticchio

Titerenet

Marionetas sicilianas

miércoles, 10 de octubre de 2007

De regreso



Creo que todavía no he regresado del todo. Hoy he andando "fuera de mi". Algo así como le sucedía al protagonista de una novela muy de moda hace mil años, llamada "El tercer ojo" o similar, no recuerdo bien. Siempre digo que los aviones van muy, muy deprisa. En fin, que aquí estamos, de regreso. Siempre traigo también la misma conclusión: no sirvo para turista. Quizás por eso, cuando se termina un viaje, me paso luego unos cuantos días como viniendo, para darle acaso más tiempo a mi cabeza y a mi corazón a irse despegando de los lugares por los que han transitado muy velozmente, demasiado.

Me gustaría contar algunas cosas en las que me he fijado. Pero creo que será en unos días. De momento, una foto, una imagen de Nápoles, de la realidad napolitana, con sus estrechas calles empinadas, la ropa tendida, el sol y la sombra, las motos, las motos, más motos, los jóvenes (muchos) dando vueltas y vueltas, etc. Algo de ello tiene la imagen - lo veréis mejor si la pincháis-; aunque habría que completarla con un boceto del tráfico, de las conversaciones, de las gentes asomadas a las puertas y a las ventanas a todas horas, de las obras, de la población multicultural y multicolor, de los carabinieri, de los que no se ven y están y a veces crees verlos -en una pizzeria, por ejemplo- de la monumentalidad del urbanismo tan deteriorado, de la luz de mi Mediterráneo, del Vesubio panzudo, etc, etc. Seguro que irán saliendo cosas.

No he dicho nada todavía de Sicilia, ya lo sé. Pero habría mucho que decir.

De momento, hola ¿cómo andáis?.