viernes, 29 de febrero de 2008

Demolición del Arco Iris



Hace exactamente una semana, Angel Petisme presentó su último poemario, “Demolición del Arco Iris” (El Baile del Sol), en el Centro de Historia de Zaragoza. De verdad que fue una sesión memorable. Tendríamos que haberla grabado en vídeo y haberla lanzado luego a los cinco continentes y veinte mil leguas marinas.

Primero, el presentado presentó a los presentadores: a ver, ¿qué mejor manera de agradecer el esfuerzo y la amistad? Luego, Nacho Escuín, poeta y editor, y Jesús Domínguez, poeta, bucearon en el libro de Petisme como dos auténticos kamikazes, sin reservas (el texto de la presentación de Jesús Dominguez se puede leer en el blog de Angel Petisme: es una hermosura y una excelente introducción al poemario). Finalmente, el actor Ricardo Joven y el propio Angel Petisme se dedicaron a centrifugar nuestras entrañas y cerebros en una lectura de poemas i-m-p-r-e-s-i-o-n-a-n-t-e, un mano a mano sin respiración. Luego, sé que unos cuantos de los asistentes prologaron la fiesta hasta altas horas de la madrugá, comm´il faût.
Transcribo este par de poemas del libro. Pero podría haber elegido cualesquiera otros. Creo que “Flores de la demolición” le gusta a Petisme de un modo especial –digo, por su forma de leerlo el viernes pasado.




PLAZA DE LAVAPIÉS


Llueve a mares y baja por la cuesta de Ave María
el líquido amniótico de los sueños.
Bajan las cicatrices, las llamadas perdidas,
la barbie abandonada y un árbol del amor,
los condones suicidas y los huesos de pollo,
el llanto de las razas, los mensajes borrados,
la belleza sin sitio, las fotos del eclipse…
Los juguetes enfermos, los dioses que no cambian,
los extractos del banco, las sillas de tres patas.
Sale la luna en Sombrerería y sale el sol en Olivar.

Un río ineludible de preguntas
desciende a la boca del Metro,
un ángel que volaba hacia atrás,
el alquitrán del miedo,
un corazón con brazos del Ikea,
frascos de jarabe caducado.
Pecados que no vieron amanecer,
belleza que no encuentra reposo.

Está lloviendo a mares en plaza de Lavapiés
y soy esa mujer que lleva escrito un No.



FLORES DE LA DEMOLICIÓN


Te he amado, sí, te he amado
con tigres en la cama y emboscadas.
No quedan huellas
de nuestra sed sobre la Vía Láctea,
los pirotécnicos me preguntan por ti,
las flores de la demolición comienzan a cantar.

Ahora que no estás ya no hay destino,
ni calles para el vino y el verano.
Hemos tocado los plátanos del cielo
y despertado en el Popocatepelt.

Vuelve la Tierra a ser redonda
y el libro de las sonrisas lo ha apagado la lluvia.
Gira sobre sus goznes el Purgatorio.
Que el tiempo y la memoria sean benévolos contigo.

jueves, 28 de febrero de 2008

El espejo de tu silencio

Unas imágenes




Una dirección (entre muchas): CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO ---> en España 4 mujeres asesinadas en 24 horas.

lunes, 25 de febrero de 2008

Las campanas son buenas para las neuronas


Jackson Pollock


Estoy en un lugar en el que cada cuarto de hora suena la campana--- como antaño: la campana lanza la vida al aire, te sujeta, te voltea, te vuelve a depositar en la tierra. No es normal hoy en día poder escuchar una campana, con un sonido tal que vuelve el tiempo transparente. Así pues deberé replantearme mi fortuna y reconsiderarla en el sentido más positivo.

Agradezco a la campana su compañía, su advertencia, porque venía esta mañana con disposición iracunda, casi decidida a vender el alma por muy poco, a caso por una palmadita en las espaldas. Total, alma se puede encontrar nueva en cualquier mercadillo.

Venía también con la cabeza apretujada de palabras de Cernuda. ¿Cernuda?, miro hacia el asiento de atrás en el coche por si acaso. Cada vez me trato más con los espíritus. Cernuda en las neuronas, bloqueándome sus versos las sinapsis. Freno de golpe. Cuidado: necesito las sinapsis de mi cerebro para conducir. Conduciré en adelante a toque de campana.

El tinglado de Internet fue entrevisto hace décadas por Vannevar Bush, un visionario, que describió un aparato, el Memex, una especie de primitiva Wipedia de los años 40 del siglo pasado, a base de microfilmes y palancas. Me acuerdo de él, porque gracias a Internet consigo quitarme el mono de Cernuda en cuanto llego aquí, al lugar de la campana ----> una web estupenda:


me sumerjo un rato en este enlace a la página dedicada a Luis Cernuda, donde se incluyen grabaciones de algunos poemas en la propia voz de Cernuda. Lo que me faltaba: atrofia total de las sinapsis.


Uff, la campana.
(p.d. ya me disculpareis si no comento mucho:) :)


domingo, 24 de febrero de 2008

Felicidades, sir 39




El otro día, durante la cena bloggellonera, te oí decir que la única película que te gusta de la última década es Match Point. Pelín exigente te veo, sir, pero por algo será, seguro. Procura ser feliz. Un beso.

viernes, 22 de febrero de 2008

Realidad, menos mal



¡Qué malo es cuando el lenguaje no entiende lo que te pasa!
Dibujar cosas, cuerpos, rostros, paisajes en papeles sucios o en cuadernos reaprovechados tiene más sentido… Ojala hubiera sabido dibujar, tocar el piano, cantar bien, representar por ejemplo Tío Vania. Siempre he querido representar Tío Vania y Fuenteovejuna. También El Público.
Pero escribir, ¿cómo?

Esta semana mil realidades: menos mal:

como con N. y entiendo nuevamente que hay personas con las que no importa no verse en tiempo ni saber qué hacen: eso es mágico y no depende de ningún dato objetivable. No sabría cómo llamar a esa corriente que te hace entenderte aunque se proceda de galaxias diferentes y sólo se pueda hablar fragmentariamente porque nunca hay tiempo.


También como otro día con Inde y con LaMima y con la Marta más nómada del mundo. En Zaragoza sucede algo diferente. Los bloggers necesitan verse, tomarse juntos y juntas unas cervezas, cenar, reír… Cuatro mujeres con blog, que es como decir con patio abierto, nos juntamos a comer en La Teja, para contarnos cosas, un rato tranquilo, para ir un poco más allá que en los multitudinarios bloggellones. Yo creo que nos gustamos y estamos bien. Marta ha escrito un post estupendo y ya tengo ganas de que nos juntemos otra vez. No le robo la foto de su blog, porque no sale ella.

Después España. En la Fnac. Manuel Vilas deja en nuestras manos su novela. Lee un discurso apócrifo de Fidel Castro, que parece de Fidel Castro renunciante. Cuánto sabe Vilas, dicen todos. Montones de gentes. Sentí no poder saludarte, maestro. Pero hablé mucho con Loli y aprendí. La foto de arriba se la cojo a José Antonio Melendo, al que últimamente le tengo gran devoción y que ha colgado en Flickr un reportaje del evento. El discurso de Fidel estuvo precedido de dos muy personales intervenciones a cargo de Ignacio Peiró y David Mayor, ambas creo que justamente acodadas sobre el tono de la novela. He empezado a leerla. Ya he dicho en un comentario que se anuncia por fin la libertad de la prosa.




Aunque

La arquitectura de tus huesos no pueda ser. Y,

- no sólo por ello - ,


tengo que preguntarme si realmente las cosas en el mercado de la creación se están haciendo bien. No demasiado -diría, por no apretar las tuercas- . Pero ahora no estaría bien hablar de ello.

De todas formas, me olvido de ésto con bastante facilidad en el colegio de Daniel, esta mañana. Instructiva y agradable charla, - a la que me invita a ir Inma - , con Chus, su profesora, e Itziar, su logopeda. A Daniel no le gusta mucho que andemos tanto rato hablando de él y se dedica un rato a hacer el fantasma y mucho más a intentar conmovernos con su repertorio de “pucheros”. Pero está a gusto allí en su clase con todas nosotras alrededor. Y es muy gratificante poder tener consciencia compartida de cuanto vamos recorriendo. A primera hora tocaba hoy sala Snoezelen: de ésto hablaremos otro rato en el blog de Daniel.

Realidad. Menos mal.


* Actualización (01:40 del sábado)----->

Lujo de presentación la de Demolición del arco iris, de Angel Petisme. Y lujo de terna presentadora: Nacho Escuín, Jesús Jiménez y Ricardo Joven. El Centro de Historia es un lugar bastante desaprovechado en esta ciudad. Y la presentación creo que merecía mejor promoción. Pero lo hemos pasado tan bien... Ya aparecerán poemas del libro por el blog. Aunque faltarán las voces sugestivas de Ricardo Joven y el propio Angel Petisme. Un disfrute, sí.
Luego, el personal se ha trasladado a la inauguración de la exposición de Sergio Abraín en el Palacio Sástago de Zaragoza. Pero ha habido que dejarla a cambio la magnífica cena que nos han ofrecido los amigos M. & M. Ha sido una noche espléndida, chicos. Gracias.

martes, 19 de febrero de 2008

España de Manuel Vilas...



Manuel Vilas presenta el miércoles 20 de febrero a las 20 horas su novela titulada "España" (DVD) en la Fnac de Zaragoza. Le acompañarán Ignacio Peiró y David Mayor.

... y Madrugada de Julio Cristellys

Miércoles día 20 de Febrero, a las 20 horas, Julio Cristellys presenta su novela "Madrugada" en el Salón del Trono del Palacio de Sástago de Zaragoza (entrada por Pza. España). Le acompañarán Magdalena Lasala y Antonio Huerga.

Los día sicilianos


Taormina

(Publicado en El Cronista de la Red, núm. 16).

Llegué a Sicilia como quien entra en una obra de Luigi Pirandello, mi tocayo. Una obra que deja de ser la que era para dar cuartelillo a unos nuevos personajes, huérfanos de autor, que no saben cómo terminar su historia por si mismos. Aterricé en Palermo sin maleta por obra de Alitalia. Y del destino, porque Alitalia no es capaz ni de montar la escenografía necesaria para una obra de teatro siciliana. El atrezzo lo empezó a construir el taxista que me esperó tres horas en el aeropuerto Falcone e Borsellino. El aeropuerto anda metido en plena renovación, con todas las tripas al aire, como si acabara de estallar una de aquellas bombas con las que años atrás esa tierra se llenó de terror. En medio del desorden aquel hombre redondo sujetaba uno de los típicos cartelones que hacen visible el nombre de la agencia de viajes en cuyas manos depositamos temporalmente nuestra vida. Qué temerarios somos todos en el fondo y qué confíados. Al gestionar el envío de mi extraviada maleta, me di cuenta de que no conocía la dirección del hotel al que debía dirigirme. Llegué a Palermo como un viajero de verdad, sin equipaje y sin ubicación.

No saber no siempre sale mal. El hotel estaba en el camino de Monreale y era una preciosidad, con una enorme terraza afrontada a las montañas. Otra cosa que no sabía era que el taxista conduciría, del aeropuerto a la ciudad, a mil por hora, pegado al culo del automóvil delantero, pasando y traspasando de carril constantemente, mientras gesticulaba muy divertido todo el tiempo y yo, pese al terror, no podía hacer otra cosa que reírme sobre aquella autovía tan estrecha y llena de hormigón por todos lados, que más parecía un túnel del lavado que carretera. Al final del túnel, Mimmo Cuticchio y el mar, pensaba yo todo el rato, porque una de mis ideas básicas para Palermo era comprarme una marioneta en este taller de fama internacional. Ruggiero fue la marioneta elegida ya de inmediato al día siguiente. Un personaje de la Opera dei Pupi, al que tuve que desmontar para meterlo en la recuperada maleta, cuando partí de regreso. Ya está muy bien y muy entero de nuevo en mi estudio. También compré un simplísimo y encantador teatrillo de madera allí, en el taller de Cuticchio, en Vía Bara all´Olivella, cerca del gran Teatro Mássimo, el tercero mayor de Europa dedicado a la ópera y en cuya escalinata muere Mary Corleone, al final de la tercera parte de El Padrino.

La noche anterior, nada más llegar a Palermo, estuve paseando por los Quattro Canti, la encrucijada barroca que anuda via Vitorio Enmanuelle y vía Maqueda, y vi también Piazza Politorama. Una visión inusitada de Palermo, casi sin automóviles. Toda la aristocracia palermitana pasó por estas calles durante siglos, sin apenas inmutarse ni moverse mucho, sólo para ir a Roma, Londres o París a las temporadas de música y a comprar ropa elegante. Sus iguales europeos y también muchos artistas e intelectuales vinieron tempranamente a Sicilia, a la Magna Grecia, el omphalos verdadero de Europa, antes de que Europa fuera germanizada y ordenada en cuadriculas por los seguidores de Lutero. Aquí en Palermo, Lutero ha debido de parecer siempre un demonio. Más que Mahoma. El paseo por Vía Tukory, - tras una infructuosa visita al Museo Internacional de Marionetas, en Vía Butera, la misma donde vivió Tomasso di Lampedusa después de la segunda guerra mundial-, me trajo añoranzas de Estambul. Pude, sin embargo, superar esta melancolía de mimbre antiguo gracias a los espléndidos mosaicos de La Martorana, ejecutados a mediados del siglo XII por auténticos artistas constantinopolitanos, que fueron traídos expresamente para tal labor. En La Martorana, o en cualquiera de las numerosas iglesias construidas y reconstruidas en Palermo, se puede descansar del trajín bullicioso de los habitantes de esta ciudad y de sus abigarradísimos mercados populares como Vucciria o Ballaro, en los que seguro que una pudiera haber desaparecido per secula seculorum amén, sin dejar el más mínimo rastro.

De todas formas, creo que no supe ver bien Palermo. Entendí más cosas luego, cuando ya no podía mirar. Y por Siracusa pasé muy deprisa. Este viaje a la Magna Grecia va a requerir de más aterrizajes. A Siracusa, claro, le envidié el mar yo, que vivo todo el año en la otra Zaragoza, la aragonesa. Y todos esos vestigios del pasado conservando todavía su propio espacio, y no como en mi ciudad, derruidos muchos sin piedad y otros disimulados en la amalgama del paso del tiempo. Siracusa es el epicentro de la Magna Grecia. Hasta la catedral sigue siendo todavía un templo griego literalmente. Nada ni nadie ha podido borrar el eco heleno de los nombres que aquí perviven: Dionisio, Geón, Hierón, Apolócrates, Agatocles, Aretusa … Di un paseo por la isla Ortigia, al mediodia, hasta la fuente de Aretusa, la náyade a la que persiguió Alfeo sin denuedo, empeñado en contradecir al nativo siracusano, Arquímedes, primero, al parecer, que fue en enunciar que la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos. "Dadme un punto de apoyo y os levantaré el mundo", enunció Arquímedes, unos días después. ¿Para qué más? Así era la Magna Grecia, clara como el sol el día que estuvimos en Siracusa. Arquímedes murió en el sitio romano que acabó con el seny griego, pero no con la ciudad. Después de las calles luminosas de Ortigia, fortificada firmemente contra la piratería por Carlos V, comimos en un bello lugar con un fondo de mar sin límite, como a mi me gusta.

A Sicilia le ocurre un poco como a España: hija de cien mil leches: griegos, cartagineses, romanos, musulmanes, normandos, franceses, aragoneses, españoles… todos han hollado su estratégico suelo. Quizás de aquí provenga ese fatalismo tan literario que parece apoderarse de todas las visiones sobre la isla, incluida la más famosa, la de Lampedusa en El gatopardo: "Algo debe cambiar para que todo siga igual". Con tanta gente por allí constantemente, no es raro que Sciascia estuviera convencido de que "Sicilia es el mundo". ¿Para qué más? Pero sin embargo, Sicilia ha sido madrastra para muchos de sus hijos, abocados a la emigración, como si el irascible padre Etna no quisiera guardarlos a todos.

Yo también sentí el desamparo del Etna. El día que ascendimos a su cumbre se me rompía la garganta, como si me hubiera tragado un quintal de ceniza ardiente; tenía fiebre y la cabeza no me daba para mucho. Lamenté la tranquilidad del volcán. Quizás hubiera preferido no alcanzar la cima, y haberlo visto en plena actividad, como había estado unos días antes. Así no me hubiera sentido tan abandonada. Pensé en Empédocles, irreductible. Pero lo hice con la visión de Hörderlin y deduje que si me sentía tan lejana de todo allí, en el Etna, debía ser porque ya no tenía amor por las cosas, conversa a la secta de Empédocles como me había hecho en un tris tras, mientras subíamos en aquellos cuatro por cuatro colectivos para turistas, que son como gigantescos y prehistóricos crustáceos. Me preocupé aún más. ¿Cómo había llegado a aquel estado de desolación?. Hasta que recordé que a Goethe le gustó mucho Sicilia y me senté sobre la lava, al borde de un cráter humeante, mirando hacia el centro de la tierra. Todos paseaban ansiosos alrededor, a miles de clicks fotográficos de distancia. Cuando escuché desde el fondo del infierno la voz de Empédocles, le mandé a paseo y me quedé en paz.

Durante el descenso pude admirar la vista de Calabria al otro lado del estrecho y me sentí nueve veces reconstruida, como la ciudad de Catania, tras la furia del Etna. Tantas veces como los círculos del Dante. La última tras la tremenda erupción volcánica de 1669 y el terremoto de 1693, que fulminó a dos terceras partes de la población. La ciudad se empeña en conservar su pulcro barroco de tiralíneas, surgido, tras la catástrofe, a lo largo de treinta años de la mano del arquitecto Vaccarini. Su armonía estética, reconocida como Patrimonio de la Humanidad en 2002, parece hoy en día rota y puesta en entredicho por la ola encrespada de la inmigración, que callejea desaborlada entre los turistas: Catania, puerto de Europa. Catania es el presentimiento del fin de este imperio que nos fagocita. El Etna omnipresente.

Aunque, menos poderoso en Taormina. Pero también. Entre el volcán y el Jónico, Taormina es la perla azul de Sicilia, asomada al mar de Eneas desde la ladera del monte Tauro. Sobre la escena del antiguo teatro griego, que los romanos reconstruyeron restándole gracilidad, un guía local de la ciudad se empeñaba en explicarnos la diferencia entre el logos griego y la praxis romana. Aquel guía se sentía descendiente de los griegos y no hablaba muy bien de sus propios conciudadanos. No sé más. Confieso que yo miraba desde lo alto de las gradas al mar, ligada por un metafórico cordón umbilical a aquel paisaje que era el mío. Un paisaje que he reconocido siempre, desde las largas tardes estivales de la infancia atravesadas de cal. Hay colores que son nuestros ojos. El Corso Umberto I, calle antigua de época romana, está lleno de tenderetes bullangueros e imposibles. En la terraza interior de una de las cafeterías volví a encontrar a los puppi, apuntalados contra la pared: otro reclamo turístico. Al mirarlos aquel día, recordé que la tristeza, como la belleza de la naturaleza, cambia y es duradera.

En Taormina, me despedí de Agnello. Pero no quisiera recordarlo. La sombra de Agnello me había acompañado durante casi todo el viaje, desde que lo encontré en Segesta, al pie del templo griego, inacabado desde el siglo V antes de nuestra era. He querido pensar en él como quien fue: uno de aquellos exploradores y estudiosos de los siglos de oro italianos, que buscaban en las ruinas otras vidas y viejos lenguajes que les ayudaran a hablar de cosas nuevas. Lo pensé hermoso a Agnello. A imagen de alguno de los muchachos que conozco por la pintura italiana del siglo XVI, el siglo en el que vivió y casi con toda probabilidad murió. Mientras todo el mundo daba vueltas a las columnas, yo me senté junto a él y dejé que su silencio corriera las cortinas para mí.

Pasé el resto del viaje a solas con él, aunque en muchos momentos solamente se atreviera a seguirme en la distancia. En Selinunte lo vi descender por la colina hacia el mar, mientras yo hacía fotos a los templos. Me llamaba a gritos, con bellísimos apelativos a los que no estoy acostumbrada, y se empeñaba en invitarme a subir a una embarcación que, según él, andaba amarrada abajo en el puerto, al otro lado de la acrópolis. Pero yo no podía verla. Y no quise ir. Agnello mantuvo su enojo hasta Agrigento. Fue allí donde me dio a entender que él no saldría nunca de Sicilia, que si quería saber de él y ser por él amada debería permanecer yo también allí. Me hizo madrugar en el Valle de los Templos para ver el sol sobre la cúspide del de la Concordia,. Ese día le dije que no me quedaría, pues es evidente que no toda pasión puede cumplirse. Ambos lloramos largamente, sentados al pie del altar de los sacrificios del gran templo de Zeus, porque ni siquiera en Sicilia, donde todo tiempo anterior parece ser presente, es posible forzar la línea que separa las vidas y construye la historia.

Cuando tomé en Catania el avión de regreso lo hice a solas, todavía sin historia y sin autor. Pero con mi maleta. Y con Ruggiero desmontado.

viernes, 15 de febrero de 2008

Un blog para Daniel



Desde que inicié el blog Pandeoro, una parte muy importante de su espacio viene siendo ocupada por Daniel y sus andanzas. Decidí que Pandeoro agrupase unos contenidos aparentemente un tanto diversos como los referidos a la creación literaria, a los libros, la cultura, algunas cosas de la cotidaniedad, junto la discapacidad o las peripecias de mi sobrino, porque entiendo que todo forma parte del mismo círculo vital. Por lo menos del mío. No creo mucho en las fronteras.


Daniel ha crecido. Lo ha hecho a todos los niveles. Afortunadamente cada día tiene una personalidad más definida, una vida particular. Las cosas van cambiando. Así que hoy en día pienso que se merece un espacio propio. Un sitio donde con cierta continuidad el mundo que él protagoniza, junto a nosotros y otros, que lo comparten, se dibuje con mayor nitidad y de acuerdo con la individualidad clara que él ya tiene, aunque no pueda valerse por sí mismo -son dos cosas bien diferentes-. De todas formas, seguro que aparece alguna vez por Pandeoro, porque, repito, no creo nada en las fronteras. Pero a partir de ahora será aquí donde podáis encontrarlo a él, en este Blog para Daniel.


No quería tardar más en contaros la existencia de este blog para Daniel, que ya tiene alguna entrada. Aunque Pandeoro quizás vaya avanzando con cierta lentitud.


Mil gracias a todos. Ya sabéis:)

martes, 12 de febrero de 2008




Un nuevo número-versión de El Cronista de la Red está ya en Internet.

Este es el contenido, que esperamos os guste:


- Fernando Aínsa: Alegato a favor de lo “maravilloso utópico”
- Jesús Jiménez Domínguez: Fundido en negro (selección de poemas). Ilustrados con obra de Fernando Zobel
- Fernando Sarría: Cartas marcadas (poemas). Ilustrados con obra de Natalio Bayo.
- Sonia Fides: Mirar y ser mirada (selección de poemas). Ilustrado con obra de Víctor Mira.
- Segio Borao: La Cordillera (relato), Ilustrado con fotografías de Carlos Manzano
- Javier López Clemente: El vestido azul (relato). Ilustrado por Rabodiga
- Sobrenombres 10. Por Fernando Andú: Biografía de Abû Bakr Algazzãr (El Carnicero), y Luisa Miñana: orientación bibliográfica en Internet sobre La Aljafería de Zaragoza.
- Miguel Angel Latorre: Valentino (fotografía)
- José Antonio Melendo: No es frío (fotografía)
- Voladuras, la sección de relatos gráficos de Chema Lera
- Rafael Lobarte: Mahábharata: aproximación y traducción de algunos fragmentos
- Nuestras Palabras, la sección que conduce Marisa Lamarca
- Luisa Miñana: Los días sicilianos, un viaje particular
- Libros en Aragón, con las reseñas sobre “La marea del despertar” de Roberto Malo, y “En las orillas del cielo” de José Verón Gormaz
- Nuestras Miradas, la sección dedicada a la creación de los pequeños, con dibujos de Guillermo Alcalde Fernández

domingo, 3 de febrero de 2008

Largo silencio



Un poema de Fernando Sarría:



Para deshacernos el uno del otro
no basta con no estar desnudos en el mismo cuarto,
en la misma cama de húmedas y revueltas sábanas,
ni siquiera no habernos devorado en cada rincón de la piel del otro.
No, no sólo es esto lo que nos debemos.
Hay que reencontrarse con la soledad de la ausencia,
con el cuerpo que resguarda el silencio,
el crepúsculo donde ya no estamos,
el sofá abandonado a las palabras,
la luz intermitente y amarilla,
la noche cabalgada sin caricias,
el desayuno frío en una madrugada de invierno,
y toda la calle para ti, absuelta de vértigo,
indefinida en su abordaje,
un puerto sin más barcos que tu huida.






(La fotografía viene firmada por Grafialuz en la página Ojodigital; el blog de Grafialuz. Yo creo que es un muy digno acompañamiento al poema de Fernando Sarría, admirador de la belleza corporal comm´il faut, off course. Encuentro en la fotografía la misma convicción melancólica que en el poema.
Como F. Sarría acoge en estos días a sus amigos y amigas poetas en un espléndido festival de la poesía, parece de justicia que los demás le acojamos a él algún ratico: así lo ha hecho también ----> Antón Castro).

viernes, 1 de febrero de 2008

Poesía





La realidad compleja es :

a. Llego a casa al mediodía (que para mi son las tres de la tarde +/-): fin de semana y gran/GRAN ANUNCIO







bueno, siempre es un festival de poesía el blog de Fernando, pero estos días que vienen lo van a ser más, si cabe, porque un montón de amigos le han enviado sus poemas, que irán apareciendo a partir de esta noche: ANTOLOGÍA VIVA, cita obligada ------- desde Rubén Dario la poesía es el cristal con que se mira, yes, la realidad



entonces

b. A veces alcanzo a ver el telediario de la Uno mientras como. No sé cómo lo hago, me he acostumbrado, digo. Pero a veces ni con la costumbre. Hoy:
Ir al mercado, con tu cesta y tu dinero preparado y reventar bajo una bomba es la vida cotidiana de todos los días en muchos lugares del planeta, es la costumbre. Más Bagdag.



/
ras-ras/


c. Después del supermercado, una foto en el móvil:


Daniel disfrazado de semáforo en rojo (hoy comienza el Carnaval) me alegra la sonrisa. Se lo ha pasado pipa y esta mañana hemos encargado dos pulsadores nuevos para el ratón adaptado del ordenador de casa----nuevas perspectivas


Como


d. No puedo subir esa foto al ordenador, porque no tengo el software de la bb a la que me ha llegado. Por eso he puesto un semáforo por el cielo, como resumen de todas las realidades de hoy hasta el momento -



y aún me queda (por lo menos)

e. "El León de Invierno" de James Goldman , a las 22 horas, en el Teatro Principal de Zaragoza. Es la obra sobre la que el propio Goldman construyó el guión para la película de igual título que protagonizó Katherine Hepburn, papel que le valió un oscar.




(Y todo con la poesía por montera, que ya toca)


Actualizo el sábado 02/02/2008:

- La obra no estuvo mal, pero creo que le falta encarnadura a algunas de las interpretaciones -no las principales- y un poco más de dinamismo a la puesta en escena. Viví más la película. Quizás sea un problema de la adaptación al castellano, pero tengo la impresión de que el guión de cine era más sólido. Da que pensar, teniendo en cuenta que obra y guión son del mismo autor.

- ¡dios! Bagdag: añadir a la atrocidad de la masacre la atrocidad de la utilización de dos mujeres con síndrome de down para convertirlas en terrorista suicidas: ¿hasta dónde la crueldad? : ésta es la pax imperii.