jueves, 17 de mayo de 2007

Daniel planta patatas



Supongo que no es muy fácil para quienes no están familiarizados con el trato de niños con discapacidades imaginar cómo es por dentro un colegio de Educación Especial. Muy posiblemente, ni siquiera los mismos profesionales de la educación en general, que comprenderán sin duda la organización básica del colegio, sabrán posiblemente, sin embargo, qué tipo de especificidades hay que desarrollar para que la vida diaria en el centro resulte normal. Salvando la distancia, es un poco el mismo camino previo que hay recorrer para que en el hogar todo acabe siendo razonablemente normal. Es una cuestión de readaptación.

Daniel acude al Colegio de Educación Especial Angel Riviere. Es un centro pequeño, con mucho sabor, muy alegre, con aulas proporcionadas al número de niños. Tiene cosas que creo mejorables, como siempre ocurre. Y no digo que no haya habido algunos problemas puntuales, pero la verdad es que cuando Daniel llegó allí, después de una experiencia bastante decepcionante en otro centro, cambiaron para él muchas cosas.

Tienen aquí muy bien establecidas las rutinas diarias, - pilar esencial para la orientación temporal y espacial de estos críos-, y en ellas se van insertando las diferentes actividades que ha de realizar cada uno diariamente, según sus edades y posibilidades. Daniel trabaja mucho con el ordenador, porque desarrolla muy buena relación con él. Aprende allí a organizar conceptos, a dar respuestas adecuadas a preguntas, a manifestar su voluntad hacia las cosas y las personas, oye música, etc. Todo ello requiere una adaptación del aparato a la motricidad de Daniel: un pulsador de palanca, un programa de voz para que él pueda escuchar las propuestas a las que debe responder, y cosas así. Trabajar en el ordenador es casi un premio para Daniel, que a veces hay que limitarle cuando no le da la gana de colaborar en otras actividades. Porque Daniel es bastante pasota para las cosas que no le hacen tilín del todo.

Muchas horas han de dedicarse a la fisioterapia, la logopedia, a la estimulación. El Colegio Angel Riviere ha montado en estos dos últimos años una magnífica aula de estimulación sensorial que para los niños es ya algo imprescindible. En ella reciben estimulación física e intelectual al tiempo que se divierten mucho.

La hora del comedor tiene sus particularidades: unos mastican, otros no. Unos pueden coger los cubiertos, muchos no. Y además, hay que aprovechar también el acto de la comida para estimular reflejos si es preciso: el de masticación, la deglución. Pero todo también se convierte en normal cuando lo vas haciendo diariamente.

Hay otras actividades que se aproximan más a las que se realizan en cualquier escuela. Hay taller de lectura, de escritura (para los que pueden, claro), se hace teatro –algunos alumnos empiezan a usar unos adaptadores de voces donde se graba lo que han de decir- y se juega, mucho, porque el juego es muy integrador y despierta la voluntad de ejercer en los niños sus pericias. Una preferencia absoluta de Daniel, pareja al ordenador, son los columpios. Daniel viviría en una montaña rusa.

La última actividad puesta en marcha es el jardín y el huerto. Se pidió colaboración de las familias que pudieran para poner en marcha esos pedazos de naturaleza dentro del colegio. Y ya van realizando los primeros trabajos. El otro día fuimos a buscar a Daniel al colegio y allí estaba con otros chicos, eligiendo y organizando unas petunias para plantar. Y en la foto que han enviado desde el centro se le puede ver en plena tarea de plantar una patata. Una actividad normal para una educación especial normal.

12 comentarios:

lamima dijo...

Ah, que orgullosa su tía jardinera ¿eh?.. no es para menos.
Me ha gustado conocer un poco de lo que se hace en una escuela de Educación Especial, no está de más.
Cuando voy a casa, tu lo sabes, paso delante del Alborada y a mediodía suelo ver a los chavales paseando en el patio con sus monitores. Me entran ganas de quedarme allí observándolos,lo reconozco. Siempre me ha intrigado el trabajo que hacen con ellos, como se organizan, a qué necesidades prestan mayor atención....
Que bonito: una educación especial normal. Imprescindible.
Besazos reina.

Luisa dijo...

Aún me he dejado cosas en el tintero. Porque en estos colegios sí que hay una educación muy personalizada. Ya hablaremos de más cosas otros días. En el Angel Riviere tienen planteamientos similares al Alborada. Algunos de sus profesores provienen de allí. Son dos buenos colegios. Hoy los del cole de Daniel, con otros coles más, se iban precisamente al Alborada a almorzar y probar unos globos hinchables o algo así.

ybris dijo...

Me alegra saber de Daniel y sus progresos. Efectivamente el trato con la naturaleza es importante en la educación de estos niños.

Besos.

entrenomadas dijo...

Estoy de acuerdo con el comentario anterior. La naturaleza le va a beneficiar. Recuerdo un reportaje que vi sobre delfines y educación especial. Me pareció muy esperanzador.
Kisses,

Luisa dijo...

Ybris, espero no machacar mucho con este tema de Daniel y todo el mundo al que él está vinculado. Me parece importante dar alguna información sobre ello. Sin información nunca podrá haber realmente integración. Y sí, el trato con la naturaleza, es importante para ellos; para todos. Pero ellos ganan muchas cosas con su cercanía.
Besos, y gracias siempre.

Luisa dijo...

Algún día hablaremos de las terapias con animales, -algo ya hablé de la hipoterapia y Lamima, también- aunque es un tema que os puedo también proponer a vosotras, Entrenómadas. En vuestro blog quedaría un estupendo post: delfines, perros, caballos.
Un besete.

María Manuela dijo...

Si esa vocación concienciadora tuya llenara las calles,la teles, los diarios...todo sería diferente.
Afortunadamente hoy -otros tiempos fuero terribles- los pequeños con problemas disponen de posibilidades increíbles. Es cierto que la vida de todos en la familia se condiciona, que las ayudas son pocas y los buenos profesionales caros.
Como maestra y logopeda sé que la integración en los centros educativos no se realiza con los medios adecuados, no dispone de lo imprescindible para considerarla digna y decente; como profesional de lo "anormal", puedo decir que falta mucho por hacer, sobretodo por gobiernos que tengan valor de comprometerse con la discapacidad...empezando por lo económico y lo legislativo, que no es poco. Sólo los centros especializados y más los privados -por desgracia- tienen los medios suficientes para dejarles tranquilamente en sus manos.

Luisa Miñana dijo...

La verdad, MM, es que se echa mucho en falta la empatía y colaboración de la sociedad, y de las instituciones, ciertamente. La tendencia ancestral a ignorar, ocultar, esconder lo diferente, y sobre todo aquellos que no nos parecen "perfectos", ha dejado este panorama, al que todavía le queda mucho para normalizar. Afortunadamente, como bien dices, algo hemos andado. Los medios que hoy en día hay además ayudan mucho, es cierto.
Pero sigue existiendo mucha, mucha ignorancia, y tú mejor que yo sin duda lo sabrás.
El colegio de Daniel es público. No sé en otros ámbitos de la discapacidad, pero aquí en esta ciudad, están más valorados los colegios de educación especial públicos, y hay muy pocos.

María Manuela dijo...

Mucha ignorancia, discriminación y falta de respeto.

Me refería antes a los colegios de educación especial, ya sean privados o públicos (para mí siempre mejor lo público, en servicios a la población). Hay padres que por h o por b, optan por la integración en los centros educativos normales y para mí es una opción respetable, pero no pienso que sea la mejor, simplemente por la atención completa que reciben en los centros especiales. La integración es otra historia que tiene más que ver con la educación, pero del resto de la población.

Besos guerrillera...

Luisa dijo...

La integración en general funciona bastante mal. Yo sé de gente que ha tenido que pasar auténticos calvarios por mantener a sus hijos en integración. Pero es una opción que respeto, y que creo que bien hecha, y si el crío puede llevar unos mínimos ritmos, puede dar buenos resultados. Pero en que pocos casos los colegios lo llevan adecuadamente. Ese el problema. Porque ni ética ni psicológicamente ni socialmente están preparados ni entienden las condiciones en que hay que trabajar ni saben hacer partícipes de ellas al resto de los niños.
Desde luego, en casos como el de Daniel no se puede pensar en ese sistema. Pero lo peor es que al centro al que fue primero también era de educación especial (concertado) y hubo que salir por patas.

Javier López Clemente dijo...

Hola.
Entré en los comentarios con la intención de pedir que la historia de la patata continuase, yo necesito saber del crecimiento de esa planta, se sus riegos, primer brote, en fin... hasta que llegue a la sarten.
He leído los comentarios anteriores y además me siento calado de sensaciones, de reivindicaciones, noto como crezco un poquito más y eso me gusta.
Gracias por mostrar estos rayos de luz, la esencia de la vida ,sin tapujos ni zarandajas.
Y gracias a todos los comentarios anteriores porque enriquecen notablemente la historia de la patata que a mi me gustaría conocer.

Salu2 Córneos.

Luisa dijo...

Vale, Javier, procuraremos seguir la historia de la patata. Ahora está recién plantada. Pero fructificará, crecerá y será bien aprovechada, seguro.
El año pasado, Daniel me trajo desde La Alfranca una petunia que él había trasplantado. En la maceta tenía una etiqueta: plantada por Daniel. Yo a mi vez la trasplanté, y a la nueva maceta le pegué esa etiqueta. Fue la petunia más lozana de mi terraza todo el verano.

Abrazos.