miércoles, 30 de mayo de 2007

Por escribir sus nombres, de Víctor Juan




“Por escribir sus nombres” es un magnífico título para un libro. Para una novela. La que ha escrito Víctor Juan sobre el amor sin sitio entre Francisco Ponzán y Palmira Plá, durante la guerra civil española y la segunda guerra mundial. Se presenta mañana, 31 de mayo, a las 20 horas, en la Biblioteca de Aragón, en Zaragoza, durante un acto que seguro contará con un buen puñado de amigos, entre ellos Antón Castro y José Luis Melero, que van a estar de oficiantes junto al autor.

“Por escribir sus nombres” es un libro emocionado y emocionante. Se nota que a Víctor Juan los personajes reales le han conmovido hasta el tuétano, y eso es bueno, creo yo. Tampoco es extraña la devoción, porque ciertamente las vicisitudes personales y colectivas de Francisco Ponzán y Palmira Plá no pueden dejar indiferente a ninguna persona de ley. Francisco Ponzán fue discípulo del asesinado Ramón Acín, - delicado artista, generoso profesor y más generoso luchador- y, como éste, de credo y vida anarquistas. Bajo este ideario se entregó a la lucha en la guerra civil y después, prolongando sus actuaciones en el afán de combatir a los vencedores franquistas desde el territorio de la Francia de la segunda guerra mundial.

Palmira Plá, que lo conoció en Caspe, donde permanecía el Consejo de Defensa de Aragón, sentía que esa diferente forma de estar en el compromiso común –ella era socialista- los separaba tan inevitablemente como la propia historia, tan difícil, lo estaba haciendo. Amó a Francisco Ponzán. Pero, mientras éste hubiera querido llevarla en volandas a su lado, fuera como fuera, contra toda corriente, Palmira se impuso la disciplina y fue tan racional como la necesidad de sobrevivir le dictaba. Se amaron sin sitio, encontrándose y desencontrándose, buscándose y perdiéndose, rememorándose y olvidándose, hasta que los alemanes asesinaron a Ponzán una semana antes de la liberación de París, mientras Palmira velaba su prisión en Toulouse, de donde se lo llevaron para matarlo junto a otras cincuenta personas, quemando después sus cuerpos.

Palmira era maestra comprometida. Paco un combatiente. Su historia no es más triste ni heroica seguramente que la de muchos de aquel entonces. Ni más desgarradora, con todo lo que lo es. Y Víctor Juan lo expone con decisión y delicadeza, siguiéndoles los pasos, imaginando lo que pudo suceder, contándolo para que al cabo de los años no lo olvidemos. Una historia de amor imposible, como muchas. A la que acompaña la que se cuenta entre el narrador de la novela y la abogada y librera Irene, que crece en paralelo a la novela y casi se marchita un poco por el temor y la mordaza de las experiencias. Frente a ella la historia de Francisco y Palmira es más imposible si cabe, pero más real, porque su imposibilidad no fue cobardía o silencio, sino desesperación. Y seguramente, en la novela la sombra de aquella gran historia ayuda a que la otra, la de ahora, crezca y tome vuelo porque lo contrario no hubiera sido justo para la de entonces.

Un libro éste “Por escribir sus nombres” en el que aprendemos complejidad emocional e intelectual. En el que aprendemos de la fuerza de las palabras, del vigor de un nombre que se pronuncia como una oración, como una advocación para seguir viviendo, tan real como la propia presencia amada. Víctor Juan aúna relato y sentimiento poético, temblor, sin duda, en este libro, que yo ya he terminado de leer con tanto gusto.





* Un nombre pronunciado: cuando yo estudiaba COU en la antigua Universidad Laboral de Zaragoza tuve una profesora de francés, que hablaba un francés dulce y excelente y contaba algunas cosas sin contarlas. Era aún tiempo de silencio. Ella era Sol Acín. Yo entonces no lo sabía, pero era la hija de Ramón Acín, aquella que con su hermana Katia jugaba de pequeña con la caja de música evocada en la novela de Víctor Juan, y que fue una de aquellos profesores de aquella extraña Universidad Laboral junto a los que aprendí que las cosas no eran lo que parecían en este país y que otra forma de vivir era posible. Hoy sé que la línea del tiempo, a pesar de todo, no se terminó pues de romper. Que aún nos alcanzó la honestidad de aquellos que con tanto sufrimiento supieron esgrimirla y vivir o morir con dignidad.




*Víctor Juan, "Por escribir sus nombres". Prames. Zaragoza, 2007

12 comentarios:

Isabel Romana dijo...

Tu reseña hace sentir deseos de leer el libro, tanto por la personalidad que se entrevee de los protagonistas como por el autor. Parece emocionante y apasionante. Espero que la presentación sea un éxito. Besos, querida amiga.

ybris dijo...

Suena formidable en tu recensión y con el apoyo de tus recuerdos.
Será un éxito, sin duda.

Besos.

39escalones dijo...

Dan ganas de leérselo de una sentada. Tu post es mejor que los tráilers de la mayoría de las películas.
Un abrazo

Luisa Miñana dijo...

La historia que cuenta que Víctor Juan es realmente apasionante y emocionante. La historia de dos personas, inseparable de la historia común de aquel momento. Por eso tiene el tono de las antiguas tragedias clásicas. Ojala puedas leer el libro.

Luisa Miñana dijo...

Ojala le vaya muy bien al libro, Ybris, por supuesto. Su lectura es ágil, y la historia de engancha como un imán. REcomendación, pues.
Besos.

Luisa Miñana dijo...

Gracias, Alfredo, por la apreciación del post. Quería hacerlo bien. Pero si ha salido medianero por lo menos ya me vale. Y desde luego ello habrá sido provocado por el libro de Víctor Juan, sin duda. La historia es para una película, sin duda, y de las que se les puede sacar mucho partido. Guión tienes ahí. Piénsalo:)

lamima dijo...

Decía ayer Víctor en la entrevista que le hizo Miguel Mena en la SER, que le gustaba enfatizar que Paco Ponzán y Palmira eran muy jóvenes (21 y 24 años creo) cuando comienza la historia porque eso le hace sentir mas su crudeza: siempre pensamos que estas cosas les ocurren a los demás..ellos eran personas reales, como cualquier joven que podamos ver en la calle, viviendo unas circunstancias muy difíciles.
Escuchándolo ayer daban unas ganas inmensas de empezarlo...en cuanto termine una belleza que tengo entre manos (¡!) me pongo a ello.
Besicos guapa, nos vemos esta tarde (espero).

Luisa Miñana dijo...

Sí, nos vemos.
Es verdad, la juventud de ambos añade un plus de dramatismo a su historia. Pero fue la historia de muchos. Que cambió totalmente las vidas de tanta, tanta gente, que cuando lo sigues pensando, todavía resulta conmovedor. Hace poco leí que hacen falta cuatro generaciones para alisar los flecos históricos de una guerra civil. Es un siglo más o menos, creo.
Hasta luego, pues.

entrenomadas dijo...

Salgo tarde y ya no me da tiempo de ir a la presentación. Es cierto que tal y como describes el libro apetece un montón comprarlo.
Aprovecho para decirte que he leído ya casi toda la revista "El cronista de la red", me ha encantado. Y la ilustración del microcuento es dura pero bella al mismo tiempo.
Pues eso, que lo sepas, A ver si hay suerte y se queda este comentario, jolines.

Kisses,

entrenomadas dijo...

Anda, se ha quedado.
Será la vela que he puesto a la virgen de los blogs. Será eso.

Luisa Miñana dijo...

Ha sido una presentación preciosa, Marta. Te hubiera gustado y hubieras disfrutado con las palabras de Antón Castro y José Luis Melero y con la evocadora intervención de Víctor Juan mientras sonaba "La última rosa del verano", la melodía de la caja de música de Ramón Acín.
Una hermosa tarde.
¡Y hurra por la virgen bloguera!
Besos.

Luisa Miñana dijo...

Marta, gracias por la lectura de El Cronista. Me alegro mucho de que te haya gustado, sobre todo por el esfuerzo de todos los colaboradores.
Estás invitada.