domingo, 29 de julio de 2007

Bichos



El pasado 24 de julio se inauguraró en el CDAN de Huesca -uno de los proyectos/realidades de mayor envergadura y futuro de entre los llevados últimamente en el panorama nacional de la cultura- , la nueva propuesta del ciclo Asomarse al interior con el proyecto del escritor Manuel Vilas: Bichos.


Asomarse al interior es una propuesta para que un elenco de creadores de diversos ámbitos realice su particular lectura de las obras de la colección Beulas-Sarrate, a través de la intución y la reflexión. Se trata por tanto de interactuar con determinadas piezas de la colección, de sumarles significados, de intercontextualizarlas desde diversos puntos de vista y desde diferentes ámbitos. Todos, así, ganamos en capacidad de comprensión y de emoción.


Traigo un texto del proyecto del Manuel Vilas, extraído desde la web del CDAN. Este texto me parece importante, porque denota con gran efectividad y alcance filosófico cómo se realiza la simbiosis entre las propuestas plásticas y la visión literaria individual. Se cual fuere la intención primera de los autores plásticos, ha sido transformada en este proyecto por la intermediación de la percepción y la palabra de Manuel Vilas. El texto también me parece importante en sí mismo, porque se antoja un híbrido de poesía y ensayo y tiene un tono, creo, como de “racional surrealismo” que me recuerda al Bosco y a Miró, ambos extremos, ambos vanguardia.



"Somos bichos: Ojalá bichos enamorados, más que bichos aterrorizados. Los pintores pintaron bichos porque pensaron que los bichos nos devolvían a nuestra esencia de animales prohibidos, de formas irresponsables. Los pintores pintaron bichos irresponsables de sus formas. La Historia pinta hombres irresponsables de sus actos.


Puede que los bichos sean mejores que los hombres. Veo almejas y aves llenas de colores. El amor es un color. Veo una pajarita. Tal vez haya gallinas, no me caen bien las gallinas: qué injusto soy con algunos bichos. Veo un pez. Adoro los peces. Los peces son amor, eso veo en Conciliábulo de Santiago Lagunas. Veo también una fiesta de bichos.


Los bichos están bien. El siglo XX apostó por los bichos. El Renacimiento apostó por el hombre; y Kafka lo hizo por las cucarachas. Un gato sostiene dos peces. Menchu Lamas dice que quien sostiene los peces es un hombre, pero yo creo que es un gato, un gato maravilloso, porque tiene topos en la cabeza y un ojo ciego.


El mundo es maravilloso. Roberto Matta pinta bichos extraterrestres que se convirtieron en motoristas, sacudidos por la velocidad. Sólo los motoristas metafísicos usan el amarillo y el rojo, el blanco eléctrico y el azul cósmico. Los bichos cósmicos de Matta están medio descuartizados porque viajan por el universo a la velocidad de la luz. Los bichos de Matta son medio transparentes, casi son de aire, casi son nada, como todo lo que viaja a la velocidad de la luz. Los bichos de Matta son algas acuosas salidas de la mente de un bicho delirante y gigantesco de cuyo nombre no quiero acordarme.


Pero llegamos ahora a la parte trágica: también están los bichos degollados, las sangrías, las picassianas cabezas de cordero con ojos que siguen abiertos a pesar de que ya no ven nada, o tal vez nunca vieron nada. Víctor Mira era un místico del sacrilegio. Pintó una cruz que se convirtió en un águila. Y pintó cruces rojas que se convirtieron en una manada de pájaros que viniendo desde la tierra oscura ascienden hacia un exiguo fragmento de cielo escasamente azul. ¿De modo que los símbolos también eran bichos? Exactamente, eso dice Mira. Los símbolos son bichos, feos bichos de goma roja. ¿Goma comunista? No, no creo. Ese rojo crucificado de Mira es amor derrotado. ¿No hay alegría en los bichos de Mira? No, no la hay. Por eso se mató. Las cruces de Mira son bichos santificados. Son aéreos recordatorios de que una vez el mundo fue sagrado, y ya no lo es. Los bichos-cordero de Mira son sufrimiento, dolor, tortura, engaño, tiranía, crucifixión. Los bichos cordero de Mira son mi corazón, mi desesperado corazón. Mira es desesperación, y yo también. Y tú también. Y todos somos desesperación. Lo que te pide la pintura de Mira es solidaridad: es decir, que te desesperes con él.


Y Karel Appel pintó un bicho humano. Lo que pintó Appel es al hombre elefante desnudo, con exhibición de un legendario miembro viril; un miembro claramente de obispo octogenario, un miembro que es como para devolvérselo al Hacedor diciendo “esto no es amor ni es nada”. El bicho de Appel tiene además un tumor en la sien izquierda, una protuberancia que debe de ser el alma. Porque el alma ocupa lugar. Ni aun siendo la novia de Frankenstein me daba una alegría con el colgajo de Appel. Dicen que San Juan de la Cruz también tenía una protuberancia en la sien izquierda, protuberancia clavadita al bicho de Appel. El bicho de Appel es un monstruo, pero todos somos monstruos.


Y, finalmente, Zush pintó un conejo-rata medio persa o egipcio que es nuestro semejante. Manos del conejo-rata y brazos y piernas del conejo-rata completamente humanas. Ese bicho parece un Rey. Su sexo es muy poco atractivo si es que tiene sexo. El bicho de Zush lleva en el estómago una puerta blanca, con un icono en donde se representa una rata: el eterno retorno de las ratas. Ay, los bichos-rata, que son un clásico del siglo XX. Zush piensa que somos ratas evolucionadas. Ratas que son Reyes.


Toda la historia de la humanidad se basa en el intento insistente de la filosofía en hacernos creer que somos algo más que animales. Y sin embargo, la pintura contemporánea insiste en vernos como animales, si bien animales de formas desconocidas. El conejo humano de Zush parece darnos la bienvenida a un mundo de formas mutantes. Las cruces voladoras de Mira nos recuerdan que Dios se ha dado el piro de este mundo. Es como si Dios hubiera dado orden a todas sus cruces de regresar al cielo, o a lo que queda de cielo. Eso pinta Mira: cruces voladoras, que son una manada de gorriones-bicho, regresando a lo Alto. Los dibujos animados de Roberto Matta me dan ganas de subir a una moto y, como Dios mismo, darme el piro yo también. Y Menchu Lamas me recuerda que pescar es una actividad ancestral. Me recuerda Lamas la vida triste de las Lubinas, condenadas a ser el segundo plato. ¿Cuántas veces he pedido Lubina en los restaurantes? Y la almeja inflamada de Lagunas me recuerda a la muerte, a una muerte deliciosa. La almeja inflamada, en cuyo interior hay sangre no humana. Somos bichos. Ojalá bichos enamorados, más que bichos aterrorizados.


Los pintores pintaron bichos porque pensaron que los bichos nos devolvían a nuestra esencia de animales prohibidos, de formas irresponsables. Los pintores pintaron bichos irresponsables de sus formas. La Historia pinta hombres irresponsables de sus actos".


* La imagen reproduce de la obra "Conciliábulos" de Santiago Laguna (1987), que forma parte de la colección Beulas-Serrate, piedra angular del CDAN -Centro de Arte y Naturaleza- de Huesca

2 comentarios:

Ana Muñoz dijo...

"los bichos están bien"?? jaja. menuda cuña publicitaria.

un besito

Luisa Miñana dijo...

¡Qué bueno! No sé si le cambie el título al post, ja, ja, ja.....