domingo, 23 de septiembre de 2007

Teatros: Marceau y Dickens

Siempre me ha gustado muchísimo el teatro. Mejor diré que me fascina, creo. Así que hoy me quedo con dos notas en torno a ese mundo.

Una, triste, es el fallecimiento de gran gran gran Marcel Marceau. El arte del mimo es una disciplina dificilísima. Admirable. El dominio del cuerpo y de la mente que conlleva implica un viaje a lo esencial muy complicado. Marcel Marceau lo consiguió. Verle en acción era acceder a una multidimensionalidad de la expresión que parecía salir de la nada. El gesto como comunicación esencial. De eso se nutre el mimo y Marceau era sobrio y profundo como un árbol movido por el viento.




La segunda nota es divertida, al mismo tiempo que induce a algunas suculentas reflexiones. Se refiere a un artículo que publica hoy Mario Vargas Llosa en la edición impresa de El País (solamente). Se titula “Dickens en escena”. Es imposible resumirlo. Sólo contaré que habla de la capacidad histriónica del autor de “David Copperfield”, que se pasó 17 años recorriendo escenarios y “representando” sobre ellos sus textos. Dickens se empeñó en esta actividad actoral en contra de la opinión de sus hijos, editores, amigos y colaboradores. No sólo por motivos económicos –que también, al parecer -, sino porque tenía grandes dotes interpretativas y actuar le encantaba. Explica Vargas Llosa:

“Hay una deliciosa anécdota que cuenta su hija Mamie que, un día, dormitando en el sofá, espiaba con los ojos semicerrados cómo escribía su padre. Advirtió, de pronto, que a la vez que hacía correr la pluma sobre el papel, hacía muecas, gestos y mascullaba frases entre dientes, mimando aquello que contaba. En una de esas, lo vio ponerse de pie y correr a un espejo de la habitación y, contemplándose en él, enfrascarse un momento en una delirante representación en la que hacía morisquetas, guiños y caras, como midiendo las expresiones que quería escribir. Y lo vio, con el mismo ímpetu, regresar a su escritorio y seguir escribiendo. Su padre escribía actuando. No es raro, por eso, que, en una de sus cartas, Dickens afirmara: Todo escritor de ficciones escribe para el escenario. Por lo menos no hay duda de que él lo hacía”.



Mr. Charles Dickens’s Last Reading.

(Leighton, George C.: “Illustrated London News Vol 56” (1870)



Cuenta Vargas Llosa que hay evidencias de que el autor inglés no se limitaba a narrar sus textos, con más o menos gesticulación. Los adaptaba, construyendo auténticos guiones para las tablas en los que iba introduciendo elementos nuevos, y los representaba como un verdadero actor. Lástima no tener imágenes en movimiento de aquel “monologuista” de lujo.

8 comentarios:

ybris dijo...

No sabes lo que me encanta leerte y coincidir en el interés de los temas que tratas.
Así que te dejo un apoyo sentido a tu recuerdo por el irrepetible y maravilloso Marceau.
Y también a tu cita de las mismas palabras de Vargas Llosa sobre Dickens que ayer llamaron mi atención al leerlas.

Un abrazo.

lamima dijo...

"No se puede hacer teatro durante la guerra porque es un teatro terrible..."
Que grande era Marceau, si. Me ha encantado el video que nos dejas aquí, escucharlo es curioso y muy interesante.
Tengo que buscar mas cosas suyas por la red. Era fabuloso.
Besos.

lamima dijo...

"No se puede hacer teatro durante la guerra porque es un teatro terrible..."
Que grande era Marceau, si. Me ha encantado el video que nos dejas aquí, escucharlo es curioso y muy interesante.
Tengo que buscar mas cosas suyas por la red. Era fabuloso.
Besos.

39escalones dijo...

Marcel Marceau era el único mimo al que no me apetecía atropellar con una apisonadora...
Es curiosa la historia de la gira que Dickens hizo por el oeste americano haciendo lecturas dramatizadas de sus obras. Alguien incluso pensó en pegarle un tiro...
Besos

Lamia dijo...

Salvando todas las distancias (no aspiro yo a compararme con Dickens), cuando me siento a escribir, mientras "junto letras" imagino las escenas y lugares en las que ocurre aquello que cuento.
No puedo evitar hacerlo.

Lamia dijo...

Salvando todas las distancias (no aspiro yo a compararme con Dickens), cuando me siento a escribir, mientras "junto letras" imagino las escenas y lugares en las que ocurre aquello que cuento.
No puedo evitar hacerlo.

Lamia dijo...

Vaya, tenía el dedo un poco flojo y he multiplicado el comentario por dos. Lo siento... es lunes.

Luisa Miñana dijo...

Pues, Ybris, me causa gran alegría que haya sintonía; da mucho gusto que eso suceda. Marceau y Dickens: éste debió ser todo lo contrario, en cuanto a sobriedad, que el gran mimo, je, je...
Besos

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Hay, Mima, algunos videos chulos; ya verás. Este me gustó porque aunaba algo así como una declaración de principios éticos y estéticos con hermosas imágenes de Marceau.

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39, ¡vaya genio! Anda deja un poco a los pobres mimos; es muy duro lo que hacen. Dickens me causaría, sin duda, menos ternura de ésta; aunque dice Vargas Llosa (según un libro que él ha leído) que se agotaban las entradas en N.York y había colas desde el amanecer para obtenerlas. Ya ves.
Muaks.

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Sí, Lamia, es verdad, seguramente el origen de todo lo demás es el teatro, porque la primera literatura fue oral y gestual, no hay duda.
Besos, guapa.