sábado, 26 de mayo de 2007

Los bañistas






Sé que era ella. El color del pelo diferente. Las facciones algo más henchidas quizás. Han sido dos segundos. Eran sus ojos, de eso no dudo. Y era su gesto. Dedicado, en mitad de la inaudible conversación, al hombre que a su lado ascendía por la escalera mecánica, mientras yo descendía, bajando de inmediato la mirada para no tropezarme con el tiempo que ha pasado. El hombre, que ahora ascendía a su lado por la escalera del centro comercial, la acompañaba siempre por entonces a casa, al acabar las largas tardes en la piscina, a donde la venía a buscar tras el trabajo. Con el rabillo del ojo ambos hemos seguido las direcciones opuestas de nuestros pasos. Nunca diremos nada. Ni siquiera he pensando qué le habré parecido, pasando por encima de mi, de repente, su tiempo, el de ella. Escaleras del tiempo. Ella llevaba un peluche en sus manos, envuelto de regalo. Y yo la amé todas las tardes de aquel verano, en que la ayudé a aprender a nadar.




* La imágen es la de la pintura de Georges Seurat, "Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte" (1884-86). Óleo sobre lienzo.


4 comentarios:

María Manuela dijo...

¿Porqué las escaleras mecánicas que se cruzan en ascenso-descenso en los centros comerciales siempre recuerdan encuentros-efímeros y deseados nuevos encuentros-relámpago imposibles?.
Será el vaivén de la vida que sube y baja.
El cuadro me encanta, me fascina ese contraste de luz, la sombra y el sol, como en una fotografía difícil.
Y ese vestido, jajajaja, cuando vea el cojín en el culo me acordaré de ti.

Luisa Miñana dijo...

Así es, las escaleras mecánicas de los centros comerciales son como una cinta por donde transcurren las múltiples películas de las vidas de los que suben y bajan. En algún momento tienen que coincidir entre ellas.

Ay, el cojín, sí. Voy con él por los sofás y las sillas en estos días, ja, ja... Ya te dije, como las decimonónicas, cojín en culo.
Un beso

ybris dijo...

Breves encuentros que al cabo del tiempo nos dejan el hueco de los desencuentros.
Recuerdos que se adensan en la niebla hasta otro encuentro, si el tiempo lo permite.

Besos.

Luisa Miñana dijo...

Así es, Ybris, vamos y venimos entre encuentros y desencuentros, algunos secretos y quizás más estimados o añorados por ello.

Besos para ti.