lunes, 13 de agosto de 2007

Poetizando - 41





Bajo el sol de Corinto moría aquella tarde
el mundo. Yo habitaba en un cuerpo de seda y miraba
a tus ojos como a los del oráculo.
Todo el tiempo que sucedió después, y sigue sucediendo,
venía diluido en aquella cerveza que apuré, mientras el mar
buscaba entre mis piernas y me volvía ciega, porque para los dioses
la oscuridad es roja, aunque yo no supiera entonces de colores.
Te amaba. Pero tarareaba canciones de la Joplin
o fumaba para disimular. Nunca he sabido dejar pistas.
Es verdad que te amaba. Para amarte fui a Grecia,
joven de la camisa desabrochada a rayas, que se batía
al viento delante de mis ojos, olas del mar Egeo – entre mis piernas:
te adoré como a un dios praxiteliano, pero nunca te dije
mi secreto, ni aun sabiendo que, como a la perfección,
no volvería a verte.
Crucé entre líneas rectas por la historia.
Metí en el equipaje las sandalias compradas como quien compra un modo ]
de volver.
Envolví entre mis ropas, de regreso, los carretes de fotos
que me hicieron después creíble tu existencia, y hasta un poema breve
que tú me dedicaste sobre un mantel a cuadros desastrado, como eran
entonces los manteles en Grecia en los cafés baratos. En línea recta
transité hasta llegar al mundo de los vivos.
No duró mucho el duelo: los aviones recorren demasiada distancia
y apenas queda tiempo y lugar de ordenar sentimientos.
Desde entonces, te añoré como a la infancia, interminablemente. Poco importa. ]
Bajo el sol de Corinto, que moría como habría que morirse de amor
al final de las óperas, dejé que me mintieras porque así era preciso,
joven de la camisa desabrochada a rayas, que se batía al viento
delante de mis ojos como un dios inmutable desde hoy,
que te nombro,
para reconocerte, finalmente, ya como de otro tiempo,
el de la juventud.


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Han llegado los días de descansar. Es muy probable que este blog también descanse algunos días. Mientras tanto dejo este poema muy de vacaciones. Tengo que pedir disculpas por el tamaño tan pequeño de la letra, pero es que si es más grande la plantilla corta mucho algunos versos y descoloca todo. Aun así, algun que otro verso termina a reglón siguiente ] -



* La foto esta tomada prestada de la galeria de Pete y Solange. Y dejo además este enlace a la galeria en Flickr "Stephen´s photo journey" con una hermosa foto de Corinto al anocher.

8 comentarios:

ybris dijo...

¡¡¡Oooh!!!
¡Qué preciosidad, Luisa!
Una, dos, tres veces lo he leído conmovido por esas extrañas resonancias que ciertas palabras nos provocan.
Imágenes que, como dioses inmutables siembran de recuerdos-hitos los resquicios del tiempo.
Quizás como quien guarda un modo de volver.

Pásalo bien y descansa.

Muchos besos.

39escalones dijo...

Una preciosidad de poema, coincido con Ybris. Felices vacaciones, disfruta de ese merecido descanso, aunque no sea en Corinto.
Besos.

María Manuela dijo...

Qué maravilla!!!

lamima dijo...

Ay, precioso Luisa, precioso.
Como Ybris, no dejo de leerlo.
Empápate de mar prenda, y de sus espumas.
Enseguida yo también me sumerjo en el Cantábrico fiero.

inde dijo...

Y te imagino a ti, muchacha rubia de sonrisa queda, abierta a veces. E imagino a ese dios praxiteliano, prendido, embobado, no queriendo hacer ver...

Felicidades. Qué preciosa historia de amor estáis construyendo.

Mirad el mar y arrebujaos. Aunque no haga frío.

Ana Muñoz dijo...

A la vuelta de las vacas-ciones-locas tienes que contarme, luisa, cómo hace fernando para seguir con su blog desde la playa. hay wi-fi en el mar?

q constante!!

unbesooooo

Leo Zelada Grajeda dijo...

Interesante.

Luisa Miñana dijo...

Gracias a todos. Así da gusto. El golfo de Corinto es como el ombligo del mundo.

Aunque seguimos de vacaciones, algun que otro post irá cayendo ya a partir de ahora.