domingo, 20 de septiembre de 2009

Flor




No me digan que no parece una esquina francesa. Aunque no lo sea y el nombre de la calle (Temple) donde se encuentra la Creperie Flor tenga sus propias rotundas evocaciones.
Quiérase o no, cada cual dispone de su geografía emocional ligada a la ciudad o ciudades en las que habita o en las que vivió. En Zaragoza, la Flor es parte de esa geografía personal. Hace unos días se lo comentábamos a Pepe Rebollo, el fundador de este pequeño restaurante: hemos estado viniendo aquí desde el principio. Y él, tan irónico como tierno que es: ufff, ni me lo digais. Ayer no estaba y lo lamentamos. Nunca se nos había ocurrido preguntar por la razón del nombre que lleva el más famoso postre de la casa: la tarta Marianella (maravillosa, por lo siglos de los siglos: chocolate y nueces y nata, pero diferentes, y lo dice una en absoluto laminera, y lo sostengo aunque ya no seamos capaces de comernos más que media ración y a medias). Nunca se nos había ocurrido investigar la razón de ese nombre hasta ayer: pero nadie lo sabía. El martes se lo preguntaremos a Pepe, nos dijeron. Bendigo esa tarta, su forma de llegar a través del tiempo hasta ahora mismo. Bendigo algunos de los recuerdos que guardo ligados al sabor de las crepes de la Flor, y bendigo ese lugar pequeño, ese poderoso escenario, ese mundo paralelo . Hace no mucho le dije a Pepe Rebollo que habría que remozar un poco el aspecto de las hermosas pinturas que trazó en el techo su amigo Jorge Gay. Pero quizás no. Quizás todo deba quedarse como está. Hay lugares que son lugares en sí mismos y cuando estamos en ellos somos como quieren que seamos.
Y después de la nota sentimental, la recomendación práctica: del ententido Juan Barbacil, en Redaragon, que no sólo de sentimientos y estampas pseudoliterarias viven las personas humanas, ni los restaurantes.
** Este es un post-estampa con dedicatoria: para esos amigos que cada vez que vienen desde la lejana y culta Almansa (Albacete) peregrinan a La Flor y conservan su número de teléfono en la agenda de sus móviles como un relicario.

12 comentarios:

Miguel Ángel Y. dijo...

Sgue, sigue...Hay varios lugares que puedes glosar tan delicadamente, con esa enorme sensibilidad teñida de suave nostalgia y, de verdad, sin atisbo de cursilería...Sería un gran libro. Besos.

Fernando dijo...

despierto en la flor...quizás allí también se quedó parte de mi yo, mis risas, algún lamento...sobre todo ganas de vivir que siguen esperándome mirando a través de esos visillos...besos

Luisamiñana dijo...

Queridos hay lugares sin los que no seríamos ni lo que somos y como somos. Y creo que ayudan a renovar esas ganas de vivir, seguro.

Ese libro del que hablas, Miguel Angel, creo que lo harías tú mucho mejor...

Kssss

Lamia dijo...

Veinte años en Zaragoza ya y ¿te lo puedes creer? nunca he estado allí. He pasado cerca muchas veces. Incluso no hace mucho disfruté unos minutos mágicos con un amigo querido en un café muy cercano. Mi memoria, no me preguntes por qué, ha ligado ese restaurante, en el que no estuvimos, con ese momento inolvidable. Me sentía guapa. Sobre unos tacones de vertigo. Y feliz. Muy muy feliz.

39escalones dijo...

Lo decía alguien en una obra de teatro: "He trabajado en Zaragoza; no es París, pero algo se le acerca...". Pues eso.
Besos.

Rosa. dijo...

Sí que parece una esquina francesa, no sé porqué pero cuando la he visto me ha traído a la mente la peli de "Amélie"... asociaciones rarunas que hace a veces mi neurona :P genial texto, me ha encantado leerlo, y me has dejado con ganas de probar la tarta, jeje. Si alguna vez haces un libro así, avisa.
Besos.
Rosa.

laMima dijo...

En esa foto faltas tú con esa "boina" tan chula mirando a través del cristal si ha llegado tu acompañante. Jeje.
A mí la Flor me recuerda sobre todo a mis tiempos universitarios: los crêpes tras una buena nota sabían divinos (y cuando la nota era mala consolaban una barbaridad).
Lugares mágicos.

marisa dijo...

¡qué texto tan precioso Luisa! Me ha parecido estar allí.Es una descripción llena de vida, vivencias y cariño.Humana y evocadora.
Besazos, guapa

Luisamiñana dijo...

Queridos todos: estáis al completo emplazados a degustar las suculentas crepes y la indiscriptible marianela en una "gastronómica sésion" colectiva de miradas entre visillos...

Besos a repartir.

Javier López Clemente dijo...

Entramos a La Flor de casualidad. Recuerdo que hacía mucho frío. Estaba completo. Una pareja se iba en ese momento y nos invitaron a esperar.
La mesa estaba al lado de la puerta. Nos pasamos la cena comentando la indumentaria de todos y cada uno de los comensales que salieron del local. También recuerdo que nos reimos mucho. Tendré que volver... me temo que no miramos al techo.

Salu2 Córneos.

Javier López Clemente dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Javier López Clemente dijo...
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