domingo 31 de mayo de 2009

Series y series- 5/ Embrujada



Embrujada, serie norteamericana de los años 60. Parte del primer episodio



Hay mucha gente en Internet recuperando y revitalizando antiguas series de tv. Algunos lo hacen con auténtica dedicación y apasionamiento. Se está convirtiendo sin duda en una disciplina en el intercambio horizontal de conocimiento que es la Red (de redes). Mucha gente aporta opiniones sobre las series (preferidas o no). Una buena parte de esos comentarios son de carácter eminentemente personal. Lo que quiere decir que las series de televisión están perfectamente asociadas al espectro de vivencias de muchos ciudadanos.

Embrujada es un ejemplo de ello para mi misma. Está profundamente incluida en mis recuerdos infantiles. La veía sin perderme un capítulo, la incorporaba a mis juegos, a mis ensoñaciones. Embrujada era una serie fantástica porque contaba historias normales y anodinas, aunque norteamericanas -que para los niños de mi generación ya eran bastante extraordinarias- y además introducía cada dos por tres en esa realidad sosa de una familia media estadounidense episodios de magia y fantasía, que siempre terminaban por colaborar en hacer mejor la dicha sosa realidad.

Era en realidad una serie de concepto muy moderno, muy sci-fi incluso, pues la magia de Samantha, su madre, Endora, sus hijos, o todos los brujos familiares y amigos de la protagonista conseguía de desarrollar habilidades como la bilocación, el viaje en el tiempo, la marcha atrás en el mismo para rectificar el desarrollo de los acontecimientos o sus consecuencias, la capacidad de hacer cambiar la forma de pensar de otra persona, o la posibilidad de conseguir ¡ cualquier cosa (objeto o acción) con un simple golpe de nariz o chasquido de dedos, como mucho con un conjurillo!

Reconozco que intenté muchas veces que mi nariz funcionara como la de Samantha. Pero sólo lo conseguí algunas.


p.d. necesitaba un poco de diversión, después de los textos de Shálamov :)

jueves 28 de mayo de 2009

Shalámov



Leo en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia (ya saben quienes visitan este blog que es uno de mis preferidos entre la prensa española: ya sólo el nombre indica muchas cosas de las pretensiones de este magazine) que estos días acaba de salir a la calle “La orilla izquierda”. Se trata del segundo volumen de la obra escrita por Varlam Shalámov (1907-1982) a raíz de su experiencia en el Gulag soviético. La editorial Minúscula ha acometido la publicación de todos los volúmenes. El primero apareció en 2007 con el título de “Relatos de Kolimá” y se halla en fase de traducción el tercero, “El artista de la pala”. En total son seis ciclos, agrupados todos bajo el nombre genérico que sirve también para el primero, “Relatos de Kolimá”.

Kolimá es un complejo de campos de concentración en el extremo nororiental de Siberia. Recibió entre 1932 y 1957 cientos de miles de prisioneros. Fue el mayor sistema de campos de concentración de la URSS.

Ricardo San Vicente, traductor de “La orilla izquierda”, escribe en Culturas/s, entre otras cosas:

“Shalámov se plantea los mismos objetivos de escritores como Saint Exupéry o Hemingway, incluso antes de conocerlos, de aquellos que empiezan a descubrir, muchas veces por otras razones estéticas o morales, la necesidad de hacer arte, literatura, de la realidad, de su vida, de los acontecimientos de los que son testigos o protagonistas. Cada relato de Shalámov es en este sentido un intento formal cada vez nuevo de responderse a la pregunta de cómo narrar aquello para lo que no tengo palabras. La crónica, el testimonio desnudo, la narración casi oral de un zoco, el mosaico composicional de escenas y fragmentos de vida (muertes), todo vale para dotar al texto de una fuerza casi física, la fuerza del puñetazo que el autor dirige a ya no se sabe quién. Cada relato es un grito modelado, un fragmento del alma convertido en fuerza viva.

Pero tal vez, el aspecto que distingue a Shalámov del resto de autores que se han internado en el tema de los campos –salvo quizás el minimalista y cortante Lev Jonson- es su falta de piedad, su negativa a suavizar lo más mínimo su relato, a pesar de que él mismo escribe en los mismos cuadernos de notas: ´La parte no escrita, no realizada, de mi trabajo es enorme. Me refiero a la descripción del estado, del proceso… sobre lo fácil que le resulta al hombre olvidar que es un hombre (…) No está escrito todo, incluso los mejores relatos de Kolimá son sólo la superficie, justamente porque están escritos de manera accesible´.

(…)

Se ha dicho que Shalámov no tiene compasión y no la tiene ni con nosotros ni consigo mismo, pero se me ocurre pensar que de ahí tal vez nazca lo que subrayan algunos lectores de Shalámov: es un texto duro, cortante, desnudo en su afán de eliminar todo lo superfluo y de no ahorrar al lector ni una gota de sufrimiento, pero a la vez su lectura produce un extraño placer; la imagen, el paisaje, aquello que nada tiene que ver con el hombre y que los creyentes llaman creación, parece aliviar la visión implacable de este ser humano al que con poco esfuerzo se le puede arrancar lo que la civilización le ha inculcado durante milenios”.


El reportaje de Cultura/s incluye la reproducción de un texto inédito de Shalámov, procedente de un original escrito en una libreta escolar fechada en 1961. “El documento, traducido ahora por Ricardo San Vicente, fue adquirido por la Galería de pintura de Vólogda en 1996 a un ex oficial del KGB soviético junto con otros materiales requisados tras un registro ilegal practicado a Shalámov en ausencia de éste”.


Entresaco algunos fragmentos:


“1. La extraordinaria fragilidad de la cultura humana, de su civilización. El hombre se convierte en una alimaña en tres semanas: si soporta trabajo duro, el frío, el hambre y las palizas.”

“3. He comprendido que la amistad, el compañerismo, nunca nacen en circunstancias duras, duras de verdad, con riesgo de tu vida. La amistad nace en condiciones difíciles, pero soportables (en el hospital, pero no en una mina).”

“4. He comprendido que el hombre, el sentimiento que conserva por más tiempo es el de la ira. En un hombre hambriento la carne que le queda sólo alimenta la ira; se muestra indiferente hacia todo lo demás”.

“6. He comprendido que las ´victorias`de Stalin se debían a que éste mataba a gente inocente; una organización diez veces menor en número, pero una organización, hubiera barrido a Stalin en dos días”.

“7. He comprendido que el hombre se ha convertido en hombre porque es físicamente más fuerte, más resistente que cualquier otro animal; en el Extremo Norte ningún caballo resistía el trabajo.”

“10. He visto qué convincente argumento resulta para los intelectuales un simple tortazo”.

“18. He comprendido por qué el hombre vive no de esperanzas, no hay esperanza alguna, ni por la fuerza de su voluntad -¡qué bobada!- sino gracias al instinto, al sentimiento de autoprotección, gracias al mismo principio por el que se rigen el árbol, la piedra o el animal”.

“23. He visto que las mujeres son más correctas, más entregadas, que los hombres; en Kolimá no se ha conocido ningún caso de varón que acompañara a su mujer. En cambio, las esposas los acompañaban, y en muchas ocasiones (Faina Rabinóvich, la esposa de Krivoshéi)”.

“29. La pasión por el poder, el matar impunemente, es grande, desde los altos mandos hasta los servidores más bajos, con un fusil (Seropashkla y semejantes)”.

“31. He sabido que el mundo no se ha de dividir entre buenos y malos, sino entre cobardes y no cobardes. El 95 por ciento de los cobardes, ante una débil amenaza, son capaces de cualquier villanía, de vilezas mortales”.

“39. He comprendido qué cosa más extraña es el orgullo de un niño, de un joven: es mejor robar que pedir. Las alabanzas y este sentimiento arrojan a los chicos al abismo.”

“42. Los últimos de la fila, a los que todos odian, tanto los guardias de escolta como los compañeros, los que se quedan atrás, los enfermos, los débiles, aquellos que no pueden correr cuando hiela”.

“46. Que el escritor ha de ser un extranjero en las cuestiones que describe, y si conoce el material, escribirá de un modo que nadie lo entenderá”.


(Reportaje “Shalámov, relatos de la vida en el infierno”. Cultura/s. La Vanguardia, miércoles, 20 de mayo de 2009)



Hay un tema acerca del compromiso moral y del compromiso estético y literario, patentes en la obra de Shalámov, que daría sin duda para bastantes líneas. De momento quedémonos con los textos arriba incorporados. Aunque si a alguien le apetece aportar algo al respecto, es su turno.


lunes 25 de mayo de 2009

Poesía para perdidos/8: Quintanilla y Sobreviela




Ni Emilio Quintanilla ni Angel Sobreviela lo tenían fácil en La Campana de los Perdidos. Me explico. Emilio Quintanilla permanece sabiamente fiel al estilo poético de urdimbre clásica en el que él se siente a gusto y al que domina con destreza y exquisitez. Quintanilla es elegante y elocuente y posee un sentido del ritmo y una memoria –dicho sea por justicia- apabullantes. Esa memoria –de vieja escuela (con todo el respeto) porque ya nadie hacemos uso de ella con tanto aprovechamiento- le permite recitar sin mirar el papel largos poemas de encadenadas rimas maestras. Gustó Quintanilla a un heterogéneo público, que apreció su oficio y su generosidad y sus reflexiones casi senequistas a pie de vida.
Por su parte, Ángel Sobreviela dijo estar empeñado en un discurso poético de esencia cosmogónica. Arduo y sisifesco trabajo para el que hay que desearle mucha perserverancia (que la tiene), suerte (que debería tenerla) y gran capacidad de observación y de reflexión (que las demuestra). Los afanes de Ángel Sobreviela requieren también aliento del clásico, y su ideario proviene de la estirpe romántica de los discursos novalísticos, hordelinianos, del proceder mistérico, órfico y druídico: Sobreviela asentó en La Campana fragmentos de su paralelo universo poético y salió, no sólo airoso, sino indemne y creo que incluso contento.

No, ni Quintanilla ni Sobreviela lo tenían fácil para rendir La Campana con su poesía del pensamiento. Pero lo hicieron. Fue una noche de profundo y espléndido contraste, entre las voces. Con la música.

El contrapunto lo puso “Nadie”: magnífica formación de a cuatro repartiéndose guitarra, bajo, trompeta, teclados y percusión, además de la voz de Martín Navarro, quizás en el mejor concierto que yo les he oído, en serio. Me declaro ya fan de “Nadie”. Hubo armonía instrumental, fuerza interpretativa, subieron las canciones como pájaros; me gustan mucho su musicación e interpretación de “Nanas de la cebolla” (ese “no, woman no cray” entremediado es sencillamente un hallazgo impagable), el tema dedicado a Mauricio Aznar o “Tara”, con letra de Marta Navarro. “Nadie” dicen que han grabado un disco de rock el verano pasado; y lo dicen así como si fuera “nada”.







p.d. me perdí la sesion número 7 de Poesía para perdidos, con Pablo Casares y Raúl García, y la actuación musical de Ricardo Vázquez-Prada (escritor, periodista y también canzonetista, á la façon): me han dicho que fue un éxito rotundo de asistencia, ambiente y calidad artística. Y tal y como lo vamos contando parece que este invento de la Poesía para Perdidos siempre resulta bien. Pues sí, así es. Un gustazo.









sábado 23 de mayo de 2009

Refracción en Babel de Sarría

Fernando Sarría mantiene un blog, llamado

La Biblioteca de Babel,

donde cuelga microrrelatos de todo aquel que quiera enviárselos. Allí está "La refracción de la luz", escrito por la que suscribe.

Resurreción

Quizás por primera vez (o no, quién sabe) esta mañana me he alegrado de no haber tenido tiempo de hacer algo.



Este par de palos paupérrimos, escuálidos, de astillosa apariencia son mi magnolio. Ha estado a punto de morir tres veces por lo menos. En tres ocasiones de su vida vegetal ha estado muy grave. De hecho, desde hace tres meses lo di por muerto y me despedí de él. Es más, oficié por él una especie de ceremonia para conjurar de una vez por todas el regreso de una energía positiva que parecía habernos abandonado a él y a mí: le di vueltas y vueltas, incrédula, lamentándome. Pensé que él había muerto llevándose un montón de miasmas grises y empachosas que me habían abrumado un poco durante el invierno. Mi magnolio, como en las leyendas y en las brujerías, había atraído el mal y se había sacrificado para que yo viera la luz:) -- dicho con elocuencia romántica.

También es verdad que yo pasé varios días sin darme cuenta del accidente sufrido por el sistema de riego, justo a su altura: mi magnolio estuvo muchos días sin agua.

Claro que yo no me había dado cuenta de ese accidente seguramente debido a las miasmas, a la niebla pesada alojada en mi cabeza.

En fin, a magnolio muerto, mimosa adquirida para sustituirlo (me gusta mucho el nuevo Verdicora de Pla-Za, y la encontré allí, magnífica en primavera, un poco cara, es verdad: las plantas han subido mucho de precio últimamente).

La puse en su pequeño recipiente sobre el gran contenedor del magnolio, bien regada. A la espera de tener un rato para extraerlo a él y plantarla a ella. Corté las ramas del magnolio todo lo que pude en vistas a facilitar la tarea final. Pero no he tenido tiempo de hacerlo todavía. El tiempo (o su falta) me ha impuesto la paciencia.

Y véte aquí,

Resurrección. A mi magnolio le han salido unas hojas verdes y chulísimas. Le han salido desde esas ramas asprosas, tan amarillentas por dentro que ni imaginar podía yo la posibilidad de que este campeón arboricora aún tuviera ni un hilo de savia ascendiendo y desciendo por sus circulos leñosos.

¡Mi magnolio vive!

Pero como el viburno sí que se ha muerto (ése sí), plantaré a la mimosa en su lugar. Al viburno, pobre, no le tenía tanto aprecio. Y despejar, algo ha despejado.




lunes 18 de mayo de 2009



Este es Pelegrín, el títere emblema de la compañía zaragoza Teatro Arbolé. Este pasado mes de abril los Arbolé han cumplido treinta años de escena y espectáculo. Son, y no sólo por esa abrumadora longevidad, una compañía muy importante dentro del teatro de títeres. Son una compañía de rango internacional. Han montando en todos estos años un buen número de espectáculos. Han viajado dentro y fuera de España. Han traído hasta su sala de Zaragoza a otras compañías nacionales e internacionales.


Hasta el verano pasado su sala estaba en el barrio del Actur. Ahora un nuevo espacio con muchas más posibilidades técnicas les acoge en el recién estrenado Parque del Agua, llamado oficialmente Luis Buñuel: un entorno muy a propósito (al fin y al cabo el cine buñueliano siempre tuvo un cierto aspecto titiresco - nada más buñueliano que la síntesis de lo humano elemental que encierran un títere o una marioneta), un espacio que legó el plan Expo 2008 a la ciudad.


Hace un montón de años Zaragoza tenía un magnífico festival de teatro en primavera. Se murió. O lo dejarón morir, no sé. Eran tiempos en que se decía que el teatro no tenía público. No como ahora: en Madrid por lo menos el teatro revienta aforos. Quizás en Zaragoza habría que hablar de las programaciones, de formas de difusión, no sé... Lo que quería contar es que en aquellos festivales los Arbolé solían montar la de dios es cristo en el vestíbulo del Teatro Principal de Zaragoza, antes de que en la sala se iniciara las representación a cargo de la compañía que tocase esa tarde. Era un regalo estupendo con el que yo me encontraba cuando acudía a las sesiones vespertinas del festival. Desde aquellas apariciones los Arbolé poco a poco fueron asentándose, consolidándose, como la compañía estable de teatro más antigua de la ciudad en estos momentos, creo yo.


Tienen los Arbolé una web muy maja, de la que he tomado prestada la imágen del post, y donde cuentan algunas cosas acerca de Pelegrín, de los espectáculos realizados, de las campañas para colegios, para familias, de sus viajes, de sus colegas...


miércoles 13 de mayo de 2009

Banda sonora/32: La chica de ayer

Ni recuerdo cuándo escuché por primera vez "La chica de ayer". Hay canciones que se pegan a uno como el propio sudor y algunas madrugadas tenían mucha prisa en los años ochenta.

Hubiera preferido que el tiempo y la resaca brutal no le hubieran succionado tanto el tuétano. Aunque sus ojos siempre parecían nadar entre el barro. Me dolía verle, a pesar de su dignidad robusta. Me dolía porque intuía el esfuerzo que le costaba sobrevivir. Y lo hacía con lo que tenía, con lo que le había quedado. Más que un mito, ha sido un entregarse. He visto a más de uno como él, pero él construyó todas esas canciones, como milagros. Que conste que en los años ochenta ocurrieron milagros. Que conste que aquella "movida" fue una revolución. Que conste que después ha habido mucha vida. Que conste que algunas veces suceden milagros en forma de canciones. Y lloramos.

Leo por ahí las cosas que la gente ha escrito: hermano Vega, después de todo, estuvo bien. Aquí estamos.



domingo 10 de mayo de 2009

Scaramouche (o la máscara)







Este es el escaparate de la librería Scaramouche (París). La encontramos de casualidad, paseando entre las calles del Beaubourg y del Quartier de l´Horloge. No fui yo quien la vio. Andaba entretenida en el escaparate vecino de La maison de la Poesie, que mostraba unos libros ilustrados guapísimos. Uno de los amigos con los que he recorrido París estos últimos días (ya andamos de vuelta, aysss) lanzó el aviso: ¡Luisa, títeres, mira! (hay que tener amigos así, que te avisan de las cosas que saben buenas para ti, también de las que saben malas). Pero la sorpresa no fue este escaparate un tanto kitsch, sino la librería que anunciaba: un local dedicado a los libros de teatro, de cine sobre todo, donde se venden marionetas y títeres un tanto grotescos, muy coloristas, un poco sarcásticos, y también "cienes y cienes" de afiches de películas, de los de tamaño pequeño, dispuestos en cajones de madera sobre mesas de madera, por orden alfabético: todas las letras del alfabeto escritas a mano en cartones-separadores con pestaña. Los afiches están forrados en plástico, uno a uno, con minuciosidad, con dedicación. Estos afiches ocupan un tercio de la tienda. Los otros dos tercios lo hacen los libros: de teatro, sobre todo de cine, reciente y antiguo, mucho de la "nouvelle vague", pero también cine americano, italiano, etc, etc, y teoría: de la comunicación cinematográfica (por decirlo de alguna forma), del lenguaje cinematográfico, de la historia del cine, sobre directores, actores.. Libros recientes y libros ya antiguos. Además de todo lo otro, París es la ciudad de los libros antiguos, la ciudad en la que los libros parecen dar vueltas y vueltas sobre el tiempo, de aquí para allá, de mostrador en mostrador, de estantería en estantería, y no desaparecen nunca: no hay desdén provinciano por lo anterior, por lo viejo, en París. En París conviven las ediciones de Camus de Gallimard de 1947 (incluso esas otras decimonónicas de tapa rígida y letras de oro de asuntos y autores hoy extraños) y las últimas super coloristas de bolsillo del último premio Goncourt (no recuerdo ahora el nombre): y no pasa nada; más bien: resulta necesaria esa convivencia, natural diría yo: como la vida (que no sólo tiene presente), como la historia (que no es sólo pasado).


Bien, la librería Scaramouche, decíamos. Es lo que se definiría ahora como una librería con "valor añadido", un espacio no sólo destinado a la venta de libros. Un lugar para estar, detenerse, hablar. Hablar con el propietario -que ojea y lee distraído en apariencia por debajo de su melena gris rizada, mientras algunos curiosos vamos dando vueltas y ojeando a nuestra vez, hasta que entiende que ya hay demasiada gente por allí y entonces gira lentamente, se levanta y dice "Bon soir" y sonríe, y ya sabes que si preguntas él contestará-. A los buenos libreros les gusta hablar. Un lugar, Scaramouche, para intercambiar conocimiento y dudas o extrañezas con los demás clientes. Un lugar para confundirse un poco entre las marionetas y títeres, algunos de cumplida estatura. Scaramouche. Una forma de vida, al fin y al cabo.


No me quedé mucho tiempo. No iba sola. Lo hubiera hecho. Posiblemente me hubiera dado allí la hora de cierre, si me dejo llevar. Tiendo a quedarme en sitios tan teatrales como éste. O como la cercana plaza entre la iglesia medieval de Saint Merry y el Museo Pompidou: de Mozart a los síncopados ritmos africanos en menos de un minuto: una plaza = un escenario + notiempo + nogeografía (encontraré el nombre del lugar)

39escalooooneeeees.....: Scaramouche, que la apuntes.

y por si alguien no recuerda bien de qué va la novela (Scaramouche, claro) de Sabatini----> un comentario (Ariodante, Hislibris) que me parece bastante majo.


viernes 8 de mayo de 2009

Banda sonora 31/ Un mechón de su cabello

Adamo canta Un mechón de su cabello

mejor sería subir un rap que oí ayer en la esquina del Boulevard Montparnasse , o en línea más melódica -que se decía antes- une chanson de Olivia Ruiz, que suena todos los días en la braserie, que está en la misma esquina y donde desayuno, pero si hay que poner banda sonora, lo que se dice banda sonora, tengo que subir este "mechón" de Adamo, incombustible y un tanto empalagosete, oui...